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martes, 14 de julio de 2015

Obsolescencia programada

Terminator Génesis es la quinta entrega de la franquicia iniciada por James Cameron allá por los 80, que tras seis años de ausencia y tan desgastada como su protagonista vuelve a los “mejores” cines. El director culpable de este inesperado -e innecesario- regreso es Alan Taylor que, además de contar de nuevo con Schwarzenegger como T-800, se unen al reparto ilustres rostros como el de Emilia Clarke, Jai Courtney, Jason Clarke y J.K. Simmons (¡Sí, el que viene de ganar el Oscar por Whiplash!). Esta vez nos encontramos en 2029, donde John Connor manda a Kyle Reese a 1984 para salvar a Sarah Connor del Terminator que envían las máquinas, pero cuando este llega la línea temporal ha cambiado y Sarah ya no es la chica indefensa que se presuponía que era.

Alan Taylor dio el salto a la gran pantalla con la secuela de Thor después de colaborar en series tan exitosas como Los Soprano, Roma, Mad Men y Juego de Tronos. Ahora le encomiendan la ardua tarea de terminar con la friolera de 24 años sin ver una buena película de Terminator pero, desgraciadamente, no lo consigue y firma un producto mediocre que, si bien no empeora lo visto en Salvation, no termina de convencer ni al más acérrimo de sus fans ya que le falta algo de lo que carecen muchos blockbusters hoy en día: entretenimiento. Terminator 5 carece de entretenimiento porque su historia es confusa y enrevesada, está mal interpretada y las escenas de acción son repetitivas y tediosas. Todo en Génesis es un terrible “déjà-vu”, un híbrido de las cuatro entregas anteriores, que recoge lo bueno de la original y de T-2 incluyendo también el concepto informático de Skynet/Génesis creado por T-3 y de la infame estética post-apocalíptica de T-4 que tan amargo regusto nos dejó a todos. El guión es desastroso ya que intenta contar una historia exageradamente elaborada cuando la saga brilla por su carencia de guión. Nadie entra a ver Terminator pensando en ver una trama compleja ni grandes giros de guión, sino un festival de golpes, explosiones y peleas entre dos cyborgs que luchan por el futuro de la humanidad. Jamás profundizaron en los viajes en el tiempo ni cambiaron toda la cronología (¡que ya de por sí es enrevesada!) y sin embargo, Génesis se esfuerza en dar algo nuevo que no comulga con el tono de las originales. Deja de ser continuista y arriesga demasiado, quizás en un intento de hacer un lavado de cara inútil o quizás por la alarmante falta de ideas. Sea cual sea la razón, lo cierto es que aquí han primado la novedad por encima de la tradición y perdieron la apuesta. Pero no todo es negativo porque, por muy descafeinada e insípida que resulte, siempre estará “Arnie” viejo pero no obsoleto -como él mismo reza- para arrancarnos alguna que otra sonrisa y salvar a la película de la exterminación total. Los demás desentonan en sus personajes: Emilia Clarke no consigue convencernos de ser la Sarah Connor fuerte y luchadora de Linda Hamilton y Jai Courtney transmite inexpresividad en cada una de sus intervenciones como Kyle Reese. La química entre ellos es inexistente en comparación con la original del 84 y es que toda comparación es odiosa y más cuando creen poder mejorar lo notable. La música es rutinaria acorde con todo lo demás, completamente plana y perezosa, abandonando la tensión y el ritmo frenético que nos anticipaba la banda sonora de Brad Fiedel. Los efectos especiales, contrario a lo que muchos se esperan de tal franquicia, son de todo menos “especiales”. Algunas explosiones y la recreación del T-1000 son demasiado chapuceras para los cánones a los que Cameron nos había deleitado.



En conclusión, Terminator Génesis es banal, superflua y sobretodo cargante. El guión amontona una serie de eventos ocurridos en el transcurso de la saga y les da un insatisfactorio giro de 180º que termina por levantarnos dolor de cabeza. Las actuaciones son inconsistentes y el reparto está mal elegido ya que los actores chirrían en sus respectivos roles. Schwarzenegger es el único salvavidas, el faro que guía al descarriado buque Génesis. Tiene algunos buenos momentos pero se quedan en eso, momentos. Sus dos largas horas no compensan el precio de la entrada y este quinto episodio reafirma que al Terminator le ha llegado su hora.

4,5/10: ¡SAYONARA BABY!



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