jueves, 6 de octubre de 2016

Recuerdos imborrables

Kubo y las dos cuerdas mágicas es la última obra salida del magnífico estudio Laika -también conocido como la versión americana del Studio Ghibli-, cuya filmografía destaca por sus imaginativas propuestas y un estilo de animación muy cuidado. Dirigida por el debutante Travis Knight y dotada con un gran elenco de voces protagonistas como Matthew McConaughey, Charlize Theron o George Takei, Kubo narra la historia de un niño tuerto y su poderosa familia que vive en constante temor de una fuerza superior maligna que pretende arrebatarle a su hijo. Cuando las malvadas criaturas acechan su hogar, Kubo tendrá que emprender un viaje para poner fin a esta persecución y alcanzar la tan ansiada paz junto a los suyos. Una aventura animada enfocada aparentemente al público más joven, que encierra en su trama conceptos adultos. 


Me gustaría comenzar alabando la dantesca tarea del equipo de animación stop-motion. Para aquellos que no sepan distinguir este tipo de animación del digital la principal diferencia es que, mientras este último se alcanza a través de programas por ordenador, el stop-motion se basa en el principio de la consecución de imágenes dando la impresión de movimiento. Es como si hiciéramos un dibujo en una hoja de un libro y continuáramos en todas las hojas hasta que, al pasarlas, consiguiéramos la sensación de desplazamiento. Pues trasladen ese laborioso concepto en muñecos y fotogramas y obtendrán Kubo y las dos cuerdas mágicas. ¿Verdad que es complicado? Pues no sólo han sobresalido en su labor sino que los diseños de los personajes, bestias y criaturas aladas no podían ser mejores y más detallados. El nivel de esmero del equipo de producción de Laika roza lo enfermizo. Desgraciadamente, esta clase de obsesión ya no está de moda en Hollywood y el estilo de películas infantiles ha deteriorado en subproductos como Los minions y La vida secreta de las mascotas. De ahí la comparación con el Studio Ghibli, que no es tanto estilística o argumental como espiritual, ya que tanto Miyazaki como Knight comparten la misma visión; maravillar a los niños y sorprender a los adultos. Y buena parte de dicha capacidad para asombrarnos se debe a la historia en sí. Recuerdo muy bien lo que sentí la primera vez que vi El viaje de Chihiro de Miyazaki y por muchos años que pasen, siempre recordaré aquella maravillosa sensación de descubrimiento y cómo mi imaginación volaba entre las infinitas posibilidades que aquella película me brindaba. Gracias a películas como las de Miyazaki me  apasiona el cine y, aunque ya no sea el niño que una vez fui, cuando me encuentro proyectos como Kubo me doy cuenta de la importancia que tienen y la semilla que plantan en los más pequeños. Porque todos fuimos niños y todos sabemos cómo se siente cuando descubres algo por primera vez.


No puedo hablar demasiado de las voces ya que no la vi en versión original, aunque con actores del talento de Theron, McConaughey o Takei, esta faceta está más que cubierta. El siguiente -y último- aspecto que me queda por explorar es el de la banda sonora, compuesta por Dario Marianelli, donde predominan los acordes de guitarra oriental en consonancia con la puesta en escena. Simplemente viendo un trailer o incluso un póster promocional, el estudio Laika nos muestra su mayor fuente de aspiración; la cultura oriental. Oriente, esa gran desconocida que Knight y su equipo consigue homenajear deliciosamente también se aplica en la sencilla e inspiradora música de Marianelli ¡Y qué decir del tema que suena con los créditos finales! No diré que famosa canción versionan para la ocasión pero encaja a las mil maravillas y supuso una grata sorpresa, ya que normalmente los créditos no suelen tener ninguna atracción sobre el público. 

En definitiva, creo que no estaría exagerando si la calificara no sólo como la mejor película de animación del año sino también una de las mejores en general. La creatividad de sus diseños -os recomiendo comprarla en Blue-Ray sólo por el making-of-, la belleza de sus parajes, el esmero y cariño puesto en los detalles, una historia conmovedora y una banda sonora entrañable son algunos de los factores que me hacen colocarla en tan alta estima. Porque, al fin y al cabo, el mejor cine es el que te traslada a una dimensión alternativa y consigue ensoñarte con su mitología a la vez que simpatizas con sentimientos tan humanos como la pérdida o los lazos familiares. Laika y Travis Knight crean una obra maestra a la altura de los clásicos del género y estoy seguro que, dentro de unos años, oiremos a muchos jóvenes aficionados al cine que Kubo y las dos cuerdas mágicas impulsó dicha pasión y nos veremos reflejados en ellos, porque todos fuimos fascinados por primera vez.


9/10: LA INCONFUNDIBLE MAGIA DEL CINE

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