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viernes, 28 de julio de 2017

Crítica: Dunkerque

El efectismo por encima de la historia. Christopher Nolan se inspira en uno de los episodios más fascinantes de la II Guerra Mundial para crear una ruidosa versión de los hechos.


Dunkerque es la décima y última película del director del momento, Christopher Nolan, y marca su primera incursión en temáticas reales. El director británico, que se hiciera famoso por su magnífica trilogía de Batman, sale de su zona de confort para intentar demostrar a sus opositores que puede contar una historia con mayor profundidad y significado. Para ello, escogió un capítulo poco conocido de nuestra historia, como fue el de la Batalla de Dunkerque, que pasó a los anales como uno de esos milagros que por poco no acabaron en catástrofe. El film contrasta a jóvenes debutantes como Fionn Whitehead o Harry Stiles con actores contrastados como el reciente ganador del Oscar, Mark Rylance o Tom Hardy y narra la angustia de 400.000 soldados del ejército aliado, que quedaron a merced de los alemanes durante más de una semana, en la playa francesa de Dunkerque. Doblados en número, los soldados aliados tuvieron que retroceder desde Arrás (en la frontera con Bélgica) hasta terminar arrinconados por la artillería alemana en la playa del norte francés. A priori todo apuntaba a que Nolan, el nuevo Rey Midas de Hollywood, volvería a entregarnos otra obra maestra. No obstante, hasta los gigantes tienen su momento de debilidad.


Quisiera empezar señalando que me considero gran seguidor de su cine. Desde Memento hasta –aún me queda por ver Following-,  su filmografía sólo está compuesta de grandes películas, alguna incluso pudiendo tildarse de obra maestra. Tras su última película, que resultó todo un soplo de aire fresco en el género de la ciencia ficción, esperaba ansioso por ver lo que hacía con una historia diametralmente opuesta a las que nos tiene acostumbrados. Sorprendidos por su elección, los amantes del cine nos relamíamos sólo con pensar en las posibilidades que se presentaban. Sin embargo, creo que las expectativas que se levantaron alrededor del proyecto terminaron por hacerle un flaco favor a Nolan. Me explico: cuando estás en la cima y todo el mundo te considera un visionario, sientes la necesidad de seguir innovando y sorprendiendo; de reinventar un nuevo género. Pero muy pocos directores en la historia han sido capaces de alterar las normas establecidas en el cine bélico con éxito. Genios como Kubrick, Coppola, Malick o Kurosawa salieron airosos. Y Nolan pretendía unirse a esa lista aunque con resultados adversos. El británico juega con la estructura, cambiando el orden cronológico de los acontecimientos, y nos lanza al campo de batalla sin ninguna introducción previa ni presentación alguna de sus personajes. Ahí es donde yo veo el gran problema; la historia carece de emoción o pulso dramático. Se quiso centrar tanto en crear una experiencia inmersiva que se olvidó que el cine existe, a fin de cuentas, para contar un relato rico en matices. Incluso aquellos directores que mencioné, centraban sus esfuerzos narrativos en los personajes y en sus vivencias. Nolan, por su parte, se olvida de esto y considera que lo importante es que te sientas allí, en aquella playa. Y esa experiencia, aunque es sensacional, ya se ha hecho con éxito: La Batalla de Inglaterra (1969) lo hizo por aire y Salvar al soldado Ryan (1998) por tierra. Coincido en que Dunkerque merece ser vista en la pantalla más grande posible –por algo se rodó íntegramente con cámaras IMAX-, pero si no me aporta algo más allá que eso, entonces se me queda corta como película.
Interstellar


Y hablando de su aspecto visual, el director de fotografía Hoyte van Hoytema –uno de los más prometedores de Hollywood, junto a Bradford Young- ha vuelto a hacer magia con la imagen.  Sólo con fijarnos en los últimos trabajos de este artista comprendemos por qué Nolan lo ha elegido para llevar a cabo su espectáculo visual: El topo (2011), Her (2013), Interstellar (2014) y Spectre (2015). Los 107 minutos de función fueron algunos de los más tensos de este año en una sala de cine y gran parte de la culpa la tuvo este señor, que colocó cámaras donde parecía imposible y consiguió planos apabullantes. La amalgama entre su trabajo, el del equipo de efectos especiales y el sonoro dieron como resultado una maravilla audiovisual; te sumerge en las aguas del Canal de la Mancha, nos pasea en la cabina de un Spitfire y nos hace pasar muy malos ratos a bordo de los navíos británicos.

Por otra parte, la banda sonora de Hans Zimmer consigue estresarte pero no cautivarte. No veo en ella la belleza de otras de sus grandes obras como El último samurái, Black Hawk derribado o La delgada línea roja. Si algo tienen en común todas estas BSO es que trasmiten sentimientos; podríamos quitarle los diálogos a la película y aún así seguiríamos emocionándonos. En Dunkerque funciona como apoyo a una cinta de acción, que es básicamente lo que buscó Nolan. Juega con la llamada Escala Shepard –un mismo sonido que repetido numerosas veces, hace creer a nuestro cerebro que está subiendo gradualmente de tono- y lo hace espectacularmente, pero para eso no me hace falta el sonido envolvente de una sala de cine; me basta con el ordenador de mi casa. De todas las colaboraciones Zimmer-Nolan esta es la más monótona sin dudarlo.


Pasando a la faceta interpretativa, la verdad es que poco se ha podido apreciar de grandes actores como Rylance, Murphy, Brannagh o Hardy cuando éstos tienen tan poco que hacer en el film. Y no lo digo únicamente por sus escasos diálogos sino también por la floja caracterización de sus personajes; al de Murphy se lo traga la edición de la película –un flashback nos lo presenta brevemente pero jamás conocemos lo que le pasó después-, Brannagh interpreta al impertérrito coronel que ha de mantener siempre la compostura y Hardy hace de Bane si éste fuese piloto. El único con el que simpatizo es con Mark Rylance, ya que su actuación me hizo llegar ese sentimiento de apremio que padecían todos aquellos civiles que tuvieron que vestirse de héroes por un día. En cuanto a los jóvenes, ninguno estuvo a la altura de las expectativas. Aunque tampoco puedo culparles, ya que cuando salí de la sala ni siquiera recordaba sus nombres. Incluso sabiendo que Nolan intentaba mantener el anonimato de la batalla y procurar que algunos no destacaran por encima de otros, también os digo que Kubrick consiguió el mismo efecto en la legendaria escena de las trincheras de Senderos de gloria, donde toda una estrella como Kirk Douglas andaba por las trincheras abarrotadas de soldados listos para el combate. No le hizo falta más para lograr su meta.


En definitiva, creo que Dunkerque es mucho ruido y pocas nueces. ¿Quiere decir esto que es una mala película? No, tan sólo que decepciona. Viniendo de Nolan esperaba una historia con más lecturas, que nos hiciera reflexionar sobre la guerra. En cambio, nos encontramos ante un espectáculo pirotécnico orquestado con el mayor de los cuidados. Si tan siquiera le hubiese añadido un contexto, un preámbulo o presentación que otorgará a la acción mayor peso dramático, entonces estaríamos hablando de un gran obra. Pero yo no puedo olvidar que voy al cine para adentrarme en una historia, no para ponerme unas gafas de realidad virtual. Por mucha espectacularidad que consiga, jamás podrá sustituir a un gran historia.


6/10: DEMASIADA ACCIÓN PARA TAN POCA EMOCIÓN.

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