miércoles, 14 de marzo de 2018

Crítica: Aniquilación


De la mano de Netflix, nos llega esta cinta de ciencia ficción cerebral con una dirección y un reparto de primera. ¿Estará a la altura de las expectativas?


Aniquilación es la nueva obra del director de Ex Machina, Alex Garland. Basada en la novela homónima de Jeff VanderMeer, esta adaptación ha traído controversia en el mundo cinematográfico a causa de la extraña distribución que ha recibido. La última producción de Paramount y Skydance salió en los cines de tres países: EE.UU., Canadá y China. En el resto del mundo, Europa incluida, la cinta vio su estreno en la plataforma digital Netflix, amada y odiada a partes iguales. Según informan diversas fuentes, las proyecciones previas al estreno no fueron del todo halagüeñas, tildando el trabajo de Garland de ser demasiado intelectual para el gran público. Tras haber cosechado ya un éxito con Ex Machina, Paramount lo contrató pensando en producir una película de ciencia ficción más asequible y comercial. Descontentos con el resultado final y con los más de cincuenta millones de dólares que había costado el filme, Paramount decidió hacer caja vendiendo los derechos a Netflix. Imagino que el reciente batacazo comercial que supuso Blade Runner 2049 y las recientes decepciones que se ha llevado Paramount con Madre!, Ghost in the Shell y Transformers: El último caballero, tendrían algo que ver en la toma de decisión –mirando el lado positivo, al menos podemos disfrutar de ella–. La historia nos presente a Lena, una bióloga y antigua soldado del ejército americano, que llora la presunta muerte de su marido. Un día su vida dará un vuelco al descubrir que detrás de la desaparición de su esposo se encuentra la zona X, un extraño ecosistema extraterrestre del que nadie ha salido con vida. Protagonizada por Natalie Portman, el elenco incluye también a Jennifer Jason Leigh, Tessa Thompson, Gina Rodríguez y Oscar Isaac. Un extraordinario reparto al servicio de esta onírica, salvaje, bella y por momentos espeluznante obra de ciencia ficción. ¿Merece la pena Aniquilación? ¿Se convertirá en un referente moderno del género?

Empezaré hablando de Alex Garland, el verdadero artífice de este proyecto. Hace poco, Karl Urban hizo saltar la noticia reconociendo que fue él y no Pete Travis quien dirigió Dredd. De ser cierto, esa sería su ópera prima, convirtiendo Aniquilación en su tercer título. Sea como sea, Garland va camino de convertirse en el nuevo gran visionario de este género –junto a Denis Villeneuve– por su habilidad para crear universos paralelos y usarlos para estudiar la condición humana. Se nota que además de ser un gran escritor y guionista, Garland bebe de las mejores fuentes cinematográficas; aquí vemos un poco de Tarkovski –esa zona X roba inspiración de Stalker y su protagonista recuerda al melancólico psicólogo Kelvin de Solaris–, otro poco de La cosa y también de La Llegada, del mencionado Villeneuve. También se apoya en autores como Philip K. Dick y su Laberinto de muerte para mostrarnos la fragilidad de la mente humana cuando se adentra en las fronteras de lo desconocido. Aniquilación junta un sinfín de referencias para crear algo propio; una atmósfera única y majestuosa con un tono notablemente distinto a otros grandes del género.



Lo que más me gusta de esta historia es cómo consigue mantener esa sensación onírica –como si de un sueño se tratase– durante la mayor parte del metraje. Al igual que en otras cintas de terror psicológico, aquí volvemos a encontrar ese ritmo pausado al inicio, partiendo de lo mundano y lo cotidiano para ir avanzando más hacia lo extraño y fantasioso. La primera escena es prácticamente un calco de La cosa de John Carpenter, que curiosamente también pretende utilizar el miedo a lo desconocido para construir una atmósfera surrealista y de pesadilla. Los diálogos no abundan pero tampoco escasean y el suspense está siempre presente, en mayor o menor medida. Habiendo empezado su carrera con la escritura, Garland conoce la importancia de la narrativa para mantener vivo el interés del espectador. No he leído la novela en la que se basa pero el grupo de mujeres protagonistas está muy bien tratado y eso se agradece. Resulta refrescante escuchar conversaciones con el objetivo de enriquecer a los personajes, en lugar de cubrir alguna agenda socio-política. En mi opinión, esta película debería convertirse en un modelo a seguir para todos aquellos que buscan una mayor inclusión en Hollywood. Historias y conceptos originales protagonizados por personajes complejos con los que podamos conectar, independientemente de su género. Mi mayor problema con este guión es que aborda muchos temas –como la vida, la muerte, las relaciones humanas y la propia existencia– pero no profundiza ninguno. Garland va sembrando la trama de ideas y alegorías pero no termina de concretar nada, lo cual se hace más palpable llegado el desenlace. Prácticamente en cada escena me iba planteando una pregunta o una teoría y estas se iban acumulando conforme transcurría la trama, de manera que al final me esperaba algún tipo de respuesta. Ni esperaba ni deseaba un sermón final que expusiera todas sus cartas pero sí que dejara intuir alguna pista; que dejara unas migas de pan para poder seguir el camino que el guión pretende trazar.  Desgraciadamente, lo que me encontré fue algo insípido y decepcionante que, por momentos, rozaba lo esperpéntico. Aparte de esto, Garland inició un buen número de subtramas que no supo –o no quiso– desarrollar; una pena, porque los cimientos estaban ahí y algunos personajes podrían haber dado algo más de sí.


Por otra parte, las interpretaciones me parecieron mayoritariamente sólidas; todos resultan creíbles en sus respectivos papeles. Si bien este argumento parecería encajar más con un reparto coral que con un único protagonista, lo cierto es que el personaje de Lena (Natalie Portman) se lleva los mejores momentos de la cinta –tanto los dramáticos como los de acción–. Intérpretes del calibre de Jason Leigh –a la que vimos brillar recientemente en Los odiosos ocho– o Tessa Thompson pintan más bien poco, lo cual no quiere decir que sus personajes sean unidimensionales. Al contrario. Todas las mujeres tienen una personalidad bien diferenciada y todas tienen algún demonio interior, sólo que el de Lena cobra mayor importancia que el de las demás. Sobre Oscar Isaac poco puedo decir, ya que queda relegado a un segundo o tercer plano. Pese a ser fundamental en el devenir de los acontecimientos y en la forma en la que entendemos al personaje de Natalie Portman, su participación es irrisoria. En mi opinión, este es un grave error, ya que termina yendo en detrimento del drama que pretende elaborar; una interesante subtrama sobre la pérdida de la confianza en las relaciones humanas, que debería de haber vertebrado la película pero que se emplea mal y a destiempo. Un auténtico desperdicio.

Sin embargo, el aspecto que más me ha fascinado ha sido sin duda el diseño de producción y los efectos especiales. Aunque la apuesta por la ciencia ficción sesuda se entrevé desde el principio, más tarde nos deleita con un apartado visual impecable. Pese a no contar con un gran presupuesto, el trabajo que hay detrás es encomiable y supone una parte muy importante en el éxito del filme. Me parece especialmente reseñable la habilidad de las imágenes para introducirte en un estado de ensoñación –verla colocado debe ser toda una experiencia sensorial–. En ocasiones pasa de la belleza a la locura en un abrir y cerrar de ojos, de forma totalmente inesperada y eso le añadió un punto de tensión que se agradece.


La música es una faceta que valoro mucho en cualquier película y en una de estas características más aún pero he de reconocer que aquí no me entusiasmó demasiado. No es un desastre pero tampoco la consideraría un acierto; hubo momentos dramáticos en los que la música me distrajo. La banda sonora es bastante sencilla. Priman sobretodo los acordes de guitarra, parecidos a los escuchados en el videojuego The Last of Us pero me resultó demasiado melodiosa e inofensiva.

En definitiva, continuaré apoyando este tipo de cine arriesgado que busca entregar al espectador una experiencia diferente. En ese aspecto, esta película brilla con luz propia. Alex Garland consigue construir un ecosistema nuevo y evocador y sumergir al público en él. Por lo general, los personajes están bien tratados; sus emociones y sus acciones difieren dependiendo de su personalidad y ninguno de ellos cae en estereotipos flagrantes. El hecho de que sean mujeres hace la historia aún más refrescante e innovadora; me gusta que Garland lo enfoque con completa naturalidad, en lugar de recordárnoslo continua e innecesariamente. A él no le importa tanto el sexo del personaje sino que sea complejo y rico en matices. Así debería ser siempre. En cuanto a lo negativo, el desenlace decepciona, desproveyendo al público de cualquier tipo de respuesta. Por momentos me sacó de la acción e hizo que me preguntara si Garland había ido demasiado lejos en ese viaje por la zona X o simplemente se había quedado sin ideas. Termina siendo algo predecible y no ofrece ninguna conclusión a las subtramas que había presentado a lo largo del filme. Aún así, creo que la ciencia ficción tiene un nuevo nombre de moda y es Alex Garland. Con Aniquilación no ha firmado una obra maestra pero sí un producto notable con un aura de misticismo absorbente y un mensaje lo suficientemente cautivador como para seducir a cualquier buen cinéfilo.


7’5/10: CIENCIA Y FICCIÓN VAN DE LA MANO

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