Crítica – Hereditary


Ari Aster debuta en la dirección con Hereditary, película independiente de terror producida por A24 y protagonizada por Toni Collette y Gabriel Byrne. La historia gira alrededor de la familia Graham y cómo ésta afronta la reciente pérdida de uno de sus miembros más importantes.


Cada vez que una película de terror cosecha buenas críticas y alabanzas del público que la vio, me la apunto y espero ansioso a poder verla. Me pasó recientemente con Un lugar tranquilo y ahora con Hereditary. Ambas fueron bien recibidas y ambas cuentan con ideas suficientemente originales como para esperar algo más que un refrito al uso. La primera me decepcionó bastante. Aunque su idea era interesante y su primer acto logró mantenerme enganchado, la cinta protagonizada por Emily Blunt terminó recurriendo a lugares comunes y agujeros de guión importantes. Por no hablar de su bochornoso final. Sin embargo y pese a mi desilusión, tenía la sensación de que esta última me reconciliaría con el género. Escrita y dirigida por el debutante Ari Aster y protagonizada por dos actores contrastados como Toni Collette y Gabriel Byrne, Hereditary narra las desventuras de una familia media americana tras el fallecimiento de su abuela materna. Ese será el punto de partida que prenderá una mecha muy larga hasta su explosivo final. Con cierta sensación de déjà vu, me vuelvo a plantear la misma pregunta que hiciese en la crítica a Un lugar tranquilo: ¿estamos ante la nueva sensación dentro del género de terror? ¿Está destinada a convertirse en película de culto o se quedará a medio camino, como otras muchas?

Primero quiero dejar claro que, en mi opinión, está cinta no es de terror. Al menos no en sus dos primeros actos. Cierto es que sabe crear suspense y que cuenta con una atmósfera opresiva –sobretodo gracias a la magnífica banda sonora–; también tiene un par de escenas que te agobiarán, dependiendo del tipo de espectador que seas y lo curtido que estés en el género, pero yo la veo más un drama psicológico. Tras ver el tráiler y leer algunas críticas, tenía la impresión de estar ante un título prometedor; de esos que no logras sacártelos de la cabeza en unos cuantos días. Lo que me encontré, para mi sorpresa, fue un drama familiar con alguna que otra imagen inquietante pero no lo suficiente como para ponerme en ese estado de ánimo. La falta de ritmo y los planos interminables tampoco ayudan a hacer la experiencia más llevadera. La ambientación del hogar, en el que transcurre gran parte del filme, está muy bien lograda. El juego de luces y sombras bebe directamente del expresionismo alemán pero el ritmo es cansino. Insufrible. Llegado el desenlace, el director da un giro de 180 grados, transformando el retrato de esta familia disfuncional en otra cosa completamente distinta. Desde luego, una cosa sí hay que admitirle: en lo que a finales abruptos se refiere, Hereditary lo borda. Tanto es así que da la sensación de que Aster hubiese cogido dos historias y las hubiese juntado para crear esta. La primera me recuerda a Tenemos que hablar de Kevin, cinta dirigida por Lynne Ramsay; mientras, la segunda se asemeja a un híbrido entre El resplandor, El exorcista y La semilla del diablo. Agitado, no revuelto señor Aster.


En un principio, la calidad del reparto me hacía imaginar que se trataría de una actuación coral, donde el conjunto estuviese por encima de las individualidades. Desgraciadamente, Aster abandona pronto esa vía para hacer del personaje de Toni Collette la absoluta protagonista y el eje central de la acción. Y digo desgraciadamente porque me había hecho a la idea de ver un dúo interpretativo Collette-Byrne y esto simplemente no ocurrió. Conforme pasan los minutos, Hereditary disipa su trama familiar para centrar toda su atención en la figura de la madre. Es a ella a quien seguimos durante la mayor parte del segundo y tercer acto. También es a quien más llegamos a conocer y quien desencadena muchos de los acontecimientos que van transcurriendo. Los demás actores, principalmente Byrne y Wolff, no hacen más que reaccionar y/o sufrir las consecuencias. Pero lo peor no es que queden relegados a un segundo plano; lo peor es su falta de credibilidad. Para una película que trata de librarse de toda artificialidad, sus actuaciones me parecieron bastante alejadas de la realidad. Teniendo en cuenta por todo lo que atraviesan, su comportamiento me pareció cuanto menos apático. Mientras ella se muestra como alguien que siente y padece, Byrne y Wolff suelen quedar reducidos a la mínima expresión. Como si viviesen en una realidad paralela. El primero se limita a pasearse por la casa en estado catatónico; por otro lado, el segundo es el típico adolescente pasmado con un alarmante déficit de atención, que ya viésemos en tantas comedias americanas. Por muy traumática o estresante que resulte la situación, su personaje no tardará más que unos días en pasar página. De Milly Shapiro poco se puede decir: lo que visteis en los tráilers es lo que aporta al filme. Queda claro que la eligieron por sus rasgos faciales, con el único objetivo de ponernos de los nervios. Su intervención es corta pero intensa; aunque su personaje tiene una importancia capital en el desarrollo de la historia, este jamás queda definido –más allá de su comportamiento errático y sus extraños chasquidos con la boca–. El problema de las actuaciones no es tanto por falta de compromiso como por falta de material con el que trabajar y eso queda patente en un guión que nunca está muy seguro de lo que quiere ser. Y es que el tercio final me sobra por completo. Me explico: en El resplandor, Stanley Kubrick pasa de puntillas por el elemento sobrenatural que rodea al Hotel Overlook. Es evidente que está ahí, presente en todo momento pero él prefiere incitar nuestra imaginación con imágenes perturbadoras y escenas difíciles de olvidar. El foco siempre se mantiene sobre el declive de la familia protagonista. En su núcleo, El resplandor no deja de ser una película sobre los oscuros recovecos de nuestra mente y sobre cómo estos afectan a nuestros vínculos más cercanos. Quizá por inexperiencia o por falta de ideas, lo cierto es que Aster no supo desarrollar a sus personajes, lo cual hizo que el final perdiese impacto. No es que los personajes no me importen, es que no me los creo.


Aún así, no todo es negativo. La fotografía y la banda sonora son dos de sus puntos fuertes, siendo capaces de mantenerme pegado a la butaca. El nervio que le falta a la historia, le sobra en estas facetas. Cabría destacar dos escenas como mayores exponentes: una donde un coche corre a toda velocidad por una carretera sumida en la oscuridad de la noche y otra alrededor de una mesa donde la familia se congrega para cenar. Tanto las actuaciones como la iluminación y la música se conjugaron para ofrecernos dos de los momentos más memorables del filme. Ahí es donde la cinta golpea más duro, sorprende y consigue ser realmente perturbadora, dejando entrever todo el potencial que se le intuye. Una pena que no sepa mantener ese nivel las dos horas que dura; de haberlo hecho, no me cabe duda que estaríamos ante uno de los grandes títulos de terror del siglo XXI.


En definitiva, Hereditary es un quiero y no puedo. En un género donde se han explorado ya tantas ideas, la de Aster resulta convincente y llamativa en primera instancia pero termina cayendo en su propia trampa. Tiene tantas ganas de ser considerada “terrorífica” que recurre a tópicos que la hacen más predecible y emborronan todo el conjunto. Prefiero otras producciones como La bruja o It follows. La casa en la que se ambienta es el tablero perfecto y el cineasta sabe situar a los personajes e incluso plantear relaciones conflictivas entre ellos pero no tuvo el atrevimiento de llevarlas más allá. Cuando se trata de nuestras familias, es fácil sacar nuestros más profundos miedos. Se siente como una oportunidad perdida. Sus formas son muy academicista, algo contrario al terror que, en mi opinión, debe ser más pasional, creativo y desenfrenado. Sus dos horas de metraje caen pesadas; son excesivas e injustificadas, cortan el ritmo y me arrancaron algún bostezo. Además, como ocurría en Un lugar tranquilo, el final deja mucho que desear y parece sacado de la mente alucinógena de Wes Anderson. Es innegable que tanto el encargado de fotografía como el compositor tienen talento para dejar su impronta en un futuro. Por su parte, a Aster le falta la madurez, experiencia necesarias para saber cuando arriesgarse. Mientras tanto, permanezco esperanzado de que algún día echemos la mirada atrás y veamos esta obra como la primera en iniciar el legado de un gran director.


5,5/10: LAS HERENCIAS LAS CARGA EL DIABLO.

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