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jueves, 11 de junio de 2015

Probetasaurus

Jurassic World es la cuarta entrega de la saga iniciada por Steven Spielberg en los años 90 y está  dirigida por Colin Trevorrow (Seguridad no garantizada), un debutante en lo referente a grandes superproducciones que se enfrenta al reto de reanimar una franquicia maltratada. El reparto cambia por completo: cambiamos al icónico Dr. Grant por Owen, un domador de velociraptors, interpretado por Chris Pratt (Guardianes de la galaxia) al que le acompaña Claire, la supervisora del parque, interpretada por Bryce Dallas Howard (Manderlay, Spiderman 3). A esta pareja protagonista se suman actores de renombre como Vincent D’Onofrio (La Chaqueta Metálica) y Omar Sy (Intocable). La historia regresa a la Isla Nublar, donde todo comenzó años atrás. Ahora el parque no solo está en funcionamiento sino que tiene un gran reclamo turístico. Sin embargo, aparentemente los dinosaurios están muy vistos -¡menuda tontería!-, la gente está acostumbrada a ellos y por eso los directivos deciden crear un nuevo dinosaurio, con la esperanza de atraer turistas de nuevo -aunque en la película el parque está lleno, no sé de que se quejan-. Por supuesto, no podían crear un dinosaurio herbívoro e inofensivo porque eso no pondría en peligro la integridad de todos los visitantes del parque y no provocaría ningún tipo de destrucción así que, por el bien del espectáculo, deciden mezclar en la batidora genética el ADN de algunas de las especies más peligrosas, letales e inteligentes que jamás han existido en el planeta Tierra y les sale el Indominus-Rex.

Empezando por la dirección de Colin Trevorrow, la cual resulta muy irregular. La película se divide en dos mitades yuxtapuestas: una primera donde presenta y describe a los personajes protagonistas y una segunda llena de acción, destrucción y obviamente dinosaurios. La primera hora nos bombardea con personajes estereotipados y poco carismáticos, conversaciones nefastas y una presentación nada emocionante del parque, debido a que la gran mayoría de imágenes salen en cualquiera de los trailers promocionales. Entre soplidos y bostezos llega una segunda parte que toma un giro de 180 grados y consigue satisfacer parcialmente al espectador expectante por ver dinosaurios, dispuesto a dejar atrás el desastre inicial, convenciéndose de que el entretenimiento está por venir. Digo parcialmente porque aunque cuenta con grandes imágenes y escenas de acción espectaculares, el CGI está presente en todo momento cual Indominus Rex, acechando como un depredador y no te otorga ni el más mínimo descanso. Al principio cuela pero tras dos horas la paciencia se acaba y me aborda la frustración  -¿tanto cuesta confiar en los efectos prácticos?-.
 Las actuaciones tampoco salvan a Jurassic World de la quema. Por una parte están Chris Pratt y Bryce Dallas Howard que brindan sólidas actuaciones y tienen buena química entre ellos. Por el otro, tenemos a todos los demás que son más monigotes que otra cosa: los dos insoportables críos por los que supuestamente debes preocuparte transmiten la emoción de una piedra -¡estáis viendo animales extinguidos hace 231 millones de años!- y el papel de D’Onofrio como jefe de seguridad beligerante resulta caricaturesco -¡como todos los demás, incluido el exasperante guión!- 
El guión está carente de espíritu y de motivación. En Parque Jurásico, la moraleja ese centraba en el respeto a la naturaleza. Aparte de deleitarnos con aventuras humanas al estilo de Indiana Jones también nos enseñaban que la ambición del Hombre termina por volverse contra sí mismo. En esta, el concepto es que los dinosaurios son aburridos y que la gente quiere ver algo nuevo porque están cansados ya de tanta tontería mesozoica. Así que niños, ya sabéis que ¿¡por qué conformaros con un velociraptor cuando podéis crear el dinosaurio que os de la gana!?
Sin embargo, he de decir que un aspecto redimible de semejante bodrio es, sin el menor género de duda, la banda sonora compuesta por Michael Giacchino (Ratatouille, Up, Misión Imposible 4), la cual constituye el aspecto más rememorativo de la original ya que, si bien mantiene intacto el espíritu creado por John Williams no duda en aportarle gratas novedades.


En definitiva, Jurassic World no encuentra la magia perdida en la tercera parte de la saga y pese a contar con algunas buenas interpretaciones y un director talentoso que intenta ofrecer algo novedoso, la comicidad del guión y el abuso de CGI terminan por hundir la película, convirtiéndose en un quiero y no puedo, quedando así relegada a un producto entretenido pero insatisfactorio cuando se trata del regreso de una franquicia de tal envergadura. Viendo lo conseguido en 1993 y ante el enorme progreso hecho en el campo audiovisual desde entonces, estaban ante la oportunidad de hacer lo que Spielberg no pudo y conseguir traer de vuelta al T-Rex y cía. a lo grande. Habrá que seguir esperando.

5/10: ¿El Big Bang de la franquicia?

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