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Recuerdos de un adiós. Denis Villeneuve se consagra como uno de los grandes cineastas en la actualidad, con esta maravillosa secuela de la obra maestra de 1982. 

Blade Runner 2049 es la ansiada y a la vez temida continuación de aquel clásico de la ciencia ficción más cerebral. Una película atemporal que marcó e influenció a generaciones enteras. Por lo tanto, el realizador canadiense Denis Villeneuve tenía ante sí el desafío más grande de su carrera; hacer regresar este título, revitalizarlo para el público actual y satisfacer a los muchos fans que aún sueñan con ovejas eléctricas. Una tarea titánica. Para superar este reto, contó con la ayuda de un equipo sensacional, entre los cuales destacan los actores Harrison Ford (volviendo a encarnar al icónico personaje Rick Deckard) y Rian Gosling; el legendario director de fotografía Roger Deakins; el guión de Hampton Fancher y la inteligencia musical de Hans Zimmer. ¡Casi nada! Como el propio título indica, la acción nos sitúa en el año 2049, 30 años después de los acontecimientos de la original, y se centra en el cazareplicantes conocido como K (Rian Gosling). En una de sus misiones, este “Blade Runner” recogerá una pista que le hará replantearse el significado de su propia existencia. Y aquí lo dejo, porque ésta es una cinta que debéis experimentar vosotros mismos. Cada sorpresa, cada giro dramático debe descubrirse en la sala de cine, que es el mejor y me atrevería a decir el único lugar para verla como se merece.







Comenzaré por el guión, que es en mi opinión la pieza clave de esta cinta. Lo fácil hubiese sido hacer un remake encubierto (reboot, creo que lo llaman) pero Hampton Fancher y Ridley Scott decidieron juntarse de nuevo, 35 años después de la original, para crear una historia que expandiera el universo, que desarrollase los planteamientos ya vistos y provocase al espectador con otros originales. Por una parte, tenemos nuevos personajes que pueblan este decadente mundo. Todos ellos tienen personalidades distintas con sus ambiciones, temores y deseos propios; y sin embargo, guardan el mismo aroma que los de la cinta del ’82. Esa tristeza y desilusión les acompaña allá adonde van. Un ejemplo muy claro, sin desvelar demasiado del argumento, es la relación entre los personajes de Ana de Armas y Rian Gosling. Como pasara en la original con Rachael y Deckard, ambos se sienten igual de atrapados en sus falsas existencias, pero su historia toma una dirección muy distinta. Pero esta secuela no se contenta únicamente con entregarnos personajes interesantes, sino que también explora otros lugares igualmente llamativos y cautivadores que Los Angeles. También nos reencontramos con viejos conocidos como Deckard. Algo que me produjo reservas cuando lo supe, ya que no estaba seguro si su inclusión se debía a verdaderas necesidades del guión o si, por el contrario, era una herramienta más de mercadotecnia para atraer a los ilusos como yo que caen fácilmente en la trampa de la nostalgia. El resultado no podría ser más satisfactorio: el talento interpretativo de Harrison Ford vuelve a relucir como no lo había hecho en muchos años; de lejos, su mejor actuación desde A propósito de Henry. No obstante, no todo son aciertos y aunque los fallos de guión no son muchos, sí son lo suficientemente importantes como para restarle calidad al producto final. Dichos fallos llegan sobretodo en el acto final; si a esto le unimos un metraje de más de dos horas y media, el resultado puede resultar frustrante para algunos espectadores que sientan que perdieron el tiempo. No entraré en detalles, pero creo que el final no estuvo a la altura de las atrevidas propuestas que había presentado. También cabe decir que ciertos personajes se encuentran infrautilizados en comparación a su relevancia dentro de la historia. Una descompensación que daña el ritmo de la cinta y puede incluso perder el interés del espectador.


Otro aspecto importante en el éxito o el fracaso de esta secuela es la dirección de Denis Villeneuve. En mi opinión, su filmografía lo avala: Enemy, Prisioneros, Sicario y La Llegada. Su cine es evocador, reflexivo, visual y claustrofóbico. Es un director al que le gustan las historias más intelectuales, aunque aún no ha dado en la tecla en la faceta emocional. Su estilo es demasiado frío y calculador. Todo está demasiado encorsetado, ceñido a las exigencias. Aquí no hay lugar para el lirismo ni la inspiración de Ruger Hauer. Blade Runner 2049 es más aséptica que su predecesora. Pero si algo se le debe agradecer es su pasión a la hora de comandar este proyecto; podría haberse limitado a filmar en un gran hangar de California, con todos los sets generados por ordenador. Pero siendo un fan confeso de la original, no tuvo otra opción que trabajar en sets reales. Y es que el mundo que crea se siente como una prolongación natural del visto en el ’82. Los anuncios de Pan Am y Atari, las calles superpobladas y la suciedad. Los guiños siguen ahí y a su vez añade nuevos elementos para obtener una fórmula exquisita, que juega sobretodo con el deterioro medioambiental como gran aliciente. También hizo un buen trabajo dirigiendo a actores menos experimentados como Sylvia Hoeks, Ana de Armas y Dave Bautista. Es admirable y alentador ver a un director como él con tal pasión, mimo y dedicación hacia su proyecto. Independientemente de que te guste más o menos su trabajo, creo que nadie puede dudar de su compromiso.


En cuanto a las interpretaciones, he de decir que todas (o casi todas) están a la altura del título. Rian Gosling sabe guardar el equilibrio y la sutileza de un personaje confundido entre la frialdad que se le presupone y los pequeños cambios que van despertando en él conforme transcurre el filme. Harrison Ford cuenta con un papel que, como diría Eldon Tyrell, “brilla con el doble de intensidad y dura la mitad de tiempo”. El cartel nos lleva erróneamente a creer que compartirá protagonismo con Gosling y no es así. K es el protagonista de esta historia, igual que Deckard lo fue en la original. Sin embargo, algunos de los mejores momentos de la cinta los tiene Ford. Su historia continua con acierto y lógica, su personaje ha cambiado mucho tras tantos años. El tiempo pasa para todos, Deckard. En cuanto a los secundarios, cabe destacar dos sorpresas del reparto: Ana de Armas y Sylvia Hoeks. La primera encarna al personaje de Joi, la segunda al de Luv. Pese a tener un papel colateral, ambas desprenden magnetismo en pantalla. Dave Bautista, por su parte, demuestra que tiene más registros a parte de Drax en Guardianes de la Galaxia. De Robin Wright no hay nada nuevo que descubrir, es una gran actriz. Una vez hablado de lo bueno, hablemos de esa excepción que señalaba al principio. Jared Leto, un actor que no es santo de mi devoción precisamente (el único papel donde me convenció fue en El señor de la guerra), cae nuevamente en la sobreactuación que ya tuvimos la desgracia de ver en su versión del Joker. ¿Recordáis al Eldon Tyrell encarnado por Joe Turkel? Un actor desconocido, cuyo anterior trabajo fue el del siniestro barman del Overlook Hotel en El resplandor. La razón por la que aquel personaje intimidaba era porque su mera presencia era escalofriante. La forma en la que se movía, en la que hablaba y gesticulaba. Todo estaba al servicio del personaje. Jared Leto, por otra parte, se apoya demasiado en su “look” para intentar intimidarnos…y fracasa. Mucho ruido y pocas nueces. Mucho estilo para tan poca sustancia. Creo que ese fue el único y gran error de casting; al personaje de Wallace le hubiese ido mejor alguien con mayor presencia, como por ejemplo David Bowie, que sonó para el papel antes de su triste fallecimiento. Otra alternativa válida habría sido Ken Watanabe (cambiándole el nombre al personaje, por supuesto), gran actor asiático que le daría además un toque multicultural característico de este universo cyberpunk.


Pero si hay un apartado que destaca por encima de los demás es la fotografía del maestro Roger Deakins. Si este señor no consigue un Oscar por este trabajo, la Academia habrá perdido el poco  respeto que le quedaba. Cada plano es para enmarcar, la iluminación es un personaje más (recuerda mucho al estilo del expresionismo alemán) y como juega con ella para iluminar u oscurecer figuras y rostros. También impresiona la forma en la que juega con los elementos, como el agua, para crear escenarios únicos. Es cierto que utiliza una paleta de colores más amplia que la de Jordan Cronenweth pero aún así consigue mantener el mismo tono lóbrego de la original.

Sin embargo, algo que no puedo pasar por alto es su larguísimo metraje, de casi tres horas. Desde luego, es poco corriente ver una película así de larga por numerosas razones: primero, porque los estudios suelen recortarla para que los cines la proyecten más veces al día y segundo, porque el espectador normal no está acostumbrado a tanta duración. Personalmente no tuve ningún problema de ritmo. ¿Por qué? Pues porque desde el inicio, Villeneuve marca la cadencia a la que va a fluir la narración. El canadiense contraviene las normas establecidas por Hollywood, dónde abundan los cortes rápidos y cargados de adrenalina, a favor de un enfoque más influenciado por el cine clásico. Aquel en el que las historias se cocinaban a fuego lento y los planos se mantenían durante más tiempo.   


Seguro que todos los fans recordaréis la mítica banda sonora de Vangelis, toda una sinfonía para los oídos. Poesía echa música. En esta ocasión no podremos disfrutar de sus acordes y su lugar lo ocupa Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch. El primero es uno de los grandes compositores de nuestro tiempo y el segundo participó en It, el gran hit de terror del año. No quisiera entrar en comparaciones, ya que suelen ser odiosas sobretodo cuando hablamos de un genio como Vangelis, pero creo que Zimmer y Wallfisch hicieron un trabajo que, si bien no se acerca en calidad, tampoco es desdeñable. Utilizando un Yamaha CS-80, el mismo sintetizador empleado en la original, Zimmer y Wallfisch nos brindan algunas piezas cautivadoras.

El último aspecto que me gustaría comentar antes de cerrar esta crítica es el diseño de producción. Si en la original teníamos a Lawrence G. Paull como cabeza visible, aquí tenemos a un Dennis Gassner cuya carrera habla por sí misma. Muerte entre las flores, Barton Fink, Camino a la perdición o Skyfall son algunos de sus trabajos. El balance entre los decorados y los efectos generados por ordenador es absolutamente apabullante. Hay una escena en específico, cuando K anda por una especie de desierto, que me dejó boquiabierto. Sin duda uno de los mejores trabajos en lo que va de siglo XXI.


En definitiva, ¿es Blade Runner 2049 mejor que la original? La respuesta es un no rotundo. Pero, ¿acaso es posible superar lo insuperable? Villeneuve ni lo pretende ni pierde el tiempo intentándolo. En su lugar, el realizador de La Llegada se desmarca de la alargada sombra de Ridley Scott para crear una obra, con su estilo y sus características propias. De verdad que esta secuela no puede ni debe compararse a aquella obra maestra, porque eso fue magia cinematográfica. Lo que sí hace 2049 es añadir elementos nuevos, traer de vuelta los cánones establecidos previamente y mezclarlos de tal manera que no parezca ni un burdo remake ni algo completamente extraño. Si me preguntarais hace unos meses que opinaba de esta secuela, me hubiese mostrado escéptico. Pero Villeneuve y su equipo han conseguido que recupere mi fe en un cine más auténtico; menos empeñado en saciar el apetito del público y más de hacerlo pensar. Apoyado en un guión que sabe que dar respuestas es mucho menos provocador que plantear preguntas, ésta es una de esas experiencias sensoriales que te dejarán confuso al salir de la sala; te hará reflexionar. Y eso, vale el precio de mi entrada.


8,5/10: EL DESEO DE AMAR Y SER AMADO. DE EXISTIR PARA ALGUIEN.
El estreno de la secuela de la aclamada cinta de ciencia ficción cyberpunk Blade Runner se acerca y pensé en hacer una lista con las cosas que me gustaría y las que preferiría evitar que hicieran. 



No debería…

1)   Convertirse en una cinta de acción. La cinta original casi no tiene acción y las pocas escenas que hay no son demasiado espectaculares. Donde brilla no es en las coreografías, las explosiones o peleas interminables, sino en la historia; en la construcción de los personajes y del entorno que les rodea. Incluso con la moda actual del cine a lo Michael Bay, 2049 tiene que saber cuál es su audiencia y cuál no, pero nunca debería prostituir su esencia en busca de éxito en taquilla. Incluso en 1982, Blade Runner tuvo un rendimiento pobre en taquilla y tardó tiempo en reconocérsela como una obra maestra; 2049 no debe perseguir atención sino excelencia.


2)   Simplificar la historia. Hay ocasiones en las que a las productoras les entra el pánico al creer que su producto es demasiado críptico para el público. Sin embargo, lo que no entienden es que cintas de este tipo deben ser complejas por naturaleza. De estar bien hecha, 2049 debe dejarte con muchas preguntas (y no, no me refiero a incongruencias o fallos del guión). Su visionado debe suponer, en muchos aspectos, un desafío para el cinéfilo; una experiencia que quieras repetir una y otra vez para destapar todos sus secretos. Por eso, productores de Hollywood, no nos tomen por tontos.

3)   Abusar de Rick Deckard. Cuando se anunció que Harrison Ford volvería a encarnar a esta leyenda cazareplicantes, todos los fans (entre los que me incluyo) esperábamos ansiosos por volver a verlo en pantalla. Pero, recordemos que este universo creado por Ridley Scott y cía. tiene infinitos personajes tan interesantes como pueda llegarlo a ser Deckard, así que por favor Villeneuve, no abuses del personaje. No lo conviertas en un burdo fan service para sacarnos dinero. Sólo pido que el personaje sirva a la historia y no al revés. 


4)   Excederse con los efectos especiales. Parte de la magia de la original se debe al enorme esfuerzo y dedicación del equipo de construcción y diseño sets, interiores y vestuarios. Su diseño de producción es apabullante (vean el documental making-of Días peligrosos), el nivel de detalle rayaba la locura. Cierto es que hacerlo de esta manera es mucho más laborioso que crearlo todo por ordenador pero, a la larga, la película envejecerá mejor. ¿Recordáis lo bien que lucía La amenaza fantasma o El ataque de los clones entonces y lo mal que ha envejecido? Pues eso es lo que no quiero que le ocurra a 2049. Quiero esa misma suciedad, ese vapor abriéndose paso por las caóticas y cosmopolitas calles de  L.A. y, sobretodo, quiero que cada escenario se vea tan real que sienta casi como si estuviese allí. (Debajo podéis ver una foto en blanco y negro de uno de los sets de la película de 1982)


5)   Responder a la gran pregunta. Si eres cinéfilo y has visto Blade Runner, lo más seguro es que al menos una vez te hayas preguntado si Deckard es o no un replicante. Ridley Scott dice que sí, Harrison Ford que no. El debate está servido…y así quiero que siga. Porque no hay respuesta correcta ni debería haberla. Porque, al fin y al cabo, el maldito propósito del filme es el de plantar la semilla de la duda. No hay distinción entre replicantes ni humanos, sólo individuos con aspiraciones y metas propias. Roy Batty las tenía y Deckard obtuvo al final la suya, cuando por fin se liberó de su despreciable empleo y encontró un futuro (por breve que este fuese) con Rachael. Desgraciadamente, mucho me temo que van a responder a la pregunta pero me gustaría que no lo hicieran, ya que de lo contrario estropearían el perfecto final de la original.


Debería…

1)   Ahondar en temas filosóficos. Y añadiría también temas de actualidad, porque echando un vistazo a las noticias encontraremos suficiente material controvertido a introducir en esta secuela. Blade Runner puede presumir de ser una de las cintas de ciencia ficción con más lecturas de la historia del cine; no sólo fue precursora de todo un subgénero como el cyberpunk, sino que abarcaba mucho más que eso. La cuestión sobre qué nos hace humanos y la crítica a un estilo de vida excesivamente volcado en la tecnología, constituyen tan sólo una pequeña parte del contenido. Como continuación, 2049 debe guardar ese mismo espíritu; analizar la sociedad contemporánea sin pelos en la lengua e intentar proyectar su mirada hacia lo que está por venir. Me gustaría que Villeneuve volviese a ensalzar ese tipo de cine más analítico.

2)   Cuidar la banda sonora. Sabiendo que Vangelis no regresará para la secuela, quiero que su sucesor Jóhann Jóhannsson (en colaboración con Hans Zimmer) haga algo especial e innovador.  Si para hacerlo tiene que poner una pieza de Vangelis, adelante que lo haga, pero no juguetee con ella. Lo último que quiero oír son versiones del tema principal de la original o de piezas tan memorables como el Love Theme o Memories of Green; retocadas para “adaptarlas” a nuestros tiempos (señores, la buena música es atemporal), esa es la terminología que emplean. Esta secuela debería traer de vuelta algunos temas clásicos que nos retrotraigan a este universo, sin por ello olvidarse de crear su atmósfera e identidad propia.

3)   Crear personajes complejos. Cuando decía que Deckard no debería ser protagonista de esta secuela, lo decía porque a él ya le conocemos. La nueva cinta debe proporcionarnos historias diferentes a la suya pero igualmente evocadoras. Apuesto que al inicio de vuestro primer visionado de Blade Runner pensabais que Roy Batty era el villano. Estabais seguros. Sin embargo, a medida que transcurrían las dos horas de metraje, esa idea iba poco a poco mutando hasta que, llegado el clímax final, vuestra percepción había cambiado por completo: ¡Batty no es el malo! ¡Es una víctima! Cuando vea 2049, no quiero que todo sea blanco o negro, bueno o malo. Quiero que juegue conmigo y con mis percepciones, que me haga reflexionar y cambiar de opinión dependiendo de la situación de uno o varios personajes.


4)   Expandir el universo. Nadie debería hacer una secuela de una obra maestra sino hay un muy buen motivo para ello. Por eso, espero que 2049 haga algo justifique su existencia, que expanda nuestro conocimiento de este universo cyberpunk. Y no hablo únicamente a nivel argumental, sino también visual. Han pasado treinta años y si hacemos un paralelismo con nuestra propia historia (recordad que hace tres décadas, no habían ni smartphones ni portátiles ni redes sociales) imagino que muchas cosas también habrán cambiado ahí. ¿Aún utilizan el test Voight-Kampff? ¿Cómo habrán evolucionado los replicantes? ¿Siguen empleándolos como mano de obra esclava en las colonias exteriores? Muchos son los cambios que pueden haberse dado desde 2019.

5)   Tener un final satisfactorio. Ahora que se va a convertir en una saga, lo último que querría es que 2049 nos dejara adrede un final abierto, con el único fin de justificar una nueva entrega. En mi opinión, lo grandioso del desenlace de la original es que sabe cerrar el viaje personal de Deckard pero no el del espectador. Independientemente de que respondan o no a la pregunta de si Deckard es o no un replicante, deberían plantearnos otra igual de desafiante y divisoria que ésta. 





El estreno de Blade Runner 2049 se acerca y cada vez conocemos más sobre su historia. 



Aquellos que conozcan la línea temporal de la película cyberpunk de Ridley Scott sabrán que han transcurrido treinta años entre el final de la original y su secuela, Blade Runner 2049. Pero, además de ver a un Deckard más mayor, ¿qué ha ocurrido en ese mundo donde creadores, replicantes y verdugos convivían en la más absoluta de las decadencias? Pues gracias a la promoción de la película en la Comic-Con de San Diego, por fin podemos conocer más detalles que harán las delicias de los aficionados, como: ¿qué pasó con la Tyrell Corp. tras la muerte de su fundador?, ¿cómo evolucionó la sociedad americana?, ¿continúan cazando replicantes?

La cronología comienza en 2019, con la desaparición de Rick Deckard junto a la replicante Rachael. Poco después, en 2020, la Tyrell Corp. lanza su nueva línea de replicantes “Nexus 8”, ya sin fecha de caducidad aunque con unos implantes oculares para facilitar su identificación -¿seguirá siendo necesario hacer el test Voight-Kampff?-. Esto nos da una idea de lo difícil que aprende el ser humano a corregir sus errores.


Dos años después ocurre un hecho devastador para la economía estadounidense: un pulso electromagnético, de origen desconocido, se detona en algún lugar de la Costa Oeste -¿podría ser en Los Angeles?-. Esto causa apagones generalizados e información electrónica deteriorada o destruída a lo largo y ancho de EE.UU. Las consecuencias no se hacen esperar: la bolsa se desploma. Los recursos escasean. Este fenómeno, conocido como El Apagón, lo atribuyen a replicantes rebeldes, lo cual siembra el terror entre las instituciones –si es que cabía aún más- y, a cambio, éstas legislan para levantar una prohibición indefinida en la producción de replicantes. Los famosos “Nexus 6” que tanta guerra le dieron a Deckard se retiran y los “Nexus 8” huyen para esconderse.

En 2025, los avances relacionados con la comida genéticamente modificada marcan el fin de la crisis. Niander Wallace, el científico autor del descubrimiento, comparte sus patentes gratis y consigue expandir su corporación por todo el planeta y las colonias exteriores. Tres años más tarde, Wallace compra una Tyrell Corp. al borde de la bancarrota con la intención de mejorar la ingeniería genética y crear replicantes menos humanos y más controlables. En 2036, Wallace lanza su línea de “Nexus 9”.

Y esto nos lleva a 2049, de vuelta a Los Angeles, donde se ha tenido que construir un muro para proteger a la ciudad del aumento del nivel del mar, consecuencia del cambio climático. La pobreza, la violencia y la enfermedad asuelan las calles y los humanos que no pueden permitirse dejar La Tierra son abandonados a su suerte. Los productos genéticamente modificados de Wallace son el único alimento disponible, debido a la escasez de comida.


Una cosa queda clara: la situación ha empeorado ostensiblemente. A juzgar por los trailers, veremos partes donde las sequías han transformado a Los Angeles en un desierto. Pero el cambio climático no es lo peor, porque las megacorporaciones siguen más fuertes que nunca y parece que a rey muerto, rey puesto. El científico y filántropo Niander Wallace –interpretado por Jared Leto- recoge el testigo dejado por Eldon Tyrell. Aún está por ver cuáles son sus planes con la creación de estos “Nexus 9” y cuáles son sus ambiciones más allá de éstos. Además, ¿qué rol cumple el agente K, interpretado por Ryan Gosling, en este entramado?, ¿quién y por qué busca insistentemente a Rick Deckard? El 6 de octubre, fecha de su estreno, obtendremos éstas y más respuestas. Como siempre, dejarme vuestros impresiones y teorías en los comentarios. Hasta la próxima, saludos!