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domingo, 4 de febrero de 2018

Las mejores películas (para mí) de 2017

Hemos entrado en un año nuevo, así que ha llegado el momento de evaluar lo que ha sido la pasada temporada cinéfila. En esta lista enumeraré las diez obras que, en mi opinión, conforman lo mejor de 2017; independientemente de la emoción que despertaran en mí, lo cierto es que todas y cada una de estas cintas me marcaron de alguna manera.

Antes de empezar quisiera añadir un comentario sobre Dunkerque, el último y aclamado título de Christopher Nolan. No me voy a extender –si queréis conocer mi opinión sobre la película, podéis leer mi crítica– pero sí me gustaría aclarar por qué no entra en mi lista, ya que muchos se llevarían las manos a la cabeza si no lo hiciera. El principal motivo es que no me impactó en ninguna de sus facetas: los personajes brillan por su ausencia, ninguna interpretación me emocionó y pese a su espectacular factura audiovisual, Nolan no añadió nada nuevo al género bélico. Cintas como La delgada línea roja o Apocalypse Now son tan deslumbrantes o más que ésta; historias tan meticulosamente detalladas como las de Un puente lejano o Stalingrado; espectaculares escenas de acción como las vistas en Salvar al soldado Ryan o Tora! Tora! Tora! y la claustrofóbica inmersión que nos proporcionó Das Boot. Estos son algunos ejemplos de películas que creo que la superan en uno o múltiples aspectos. No me malentendáis, valoro el esfuerzo y la atención al detalle que Christopher Nolan ha puesto en Dunkerque pero para mí fue más un ejercicio de estilo que de sustancia.
Y dicho esto, arranquemos esta lista de las mejores producciones de 2017, empezando por unas menciones honoríficas que no lograron entrar entre las diez primeras por poco: Detroit, Wonder Woman, Verónica, The Florida Project, Déjame Salir y John Wick 2.



10) Good Time. La tercera película de los hermanos Safdie es un thriller hipervitaminado y estilizado en el que seguimos las desventuras de Constantine Nikas, un atracador de bancos que tendrá que reunir una importante suma de dinero en poco tiempo. Un cruce entre la comedia negra de ¡Jo, qué noche! y la atmósfera de Malas calles, todo ello acompañado de buenas actuaciones, tanto principales como secundarias y de una historia adrenalínica y vibrante como pocas. Un viaje a las entrañas de Nueva York que guarda el sabor añejo de las cintas de antaño y lo moderniza para el público moderno. Good Time es una de las ofertas más extravagantes y divertidas de 2017.



9) The Meyerowitz Stories. Este drama familiar dirigido por Noah Baumbach y producido por Netflix cuenta con la mejor interpretación de Adam Sandler desde Embriagado de amor (2002). La película narra con efectividad las dificultades por las que pasa una gran familia a la hora de comunicarse. Las conversaciones entre padres, hijos y abuelos se sucede con dinamismo; compaginando comedia con drama a la perfección. El guión de Baumbach es el resultado de alguien que lleva mucho haciendo lo que hace. En definitiva, The Meyerowitz Stories es una montaña rusa de emociones, una entrañable –aunque por momentos espeluznante– exploración del intrincado grupo de personas que conforman una familia; desde el más joven hasta el más mayor.



8) Logan. Desde que vi aquel magnífico tráiler con la canción Hurt de Johnny Cash en él, supe que la colaboración entre James Mangold y Hugh Jackman por fin daría sus frutos. Si con Lobezno Inmortal habían hecho una película divertida pese a sus agujeros de guión, con Logan han conseguido contar una gran historia y deleitarnos a su vez con toda la acción violenta que esperábamos. Esta última aventura del irreverente héroe de la Marvel hace las veces de relevo generacional y aunque siempre resulta amargo ver el final de una era, Mangold lo hace con la sutileza y el cariño del autor que guarda un gran respeto al personaje. La relación entre la niña, Charles Xavier y el propio Logan consigue atrapar al espectador porque abarca todo el espectro vital: desde la más joven en busca de un futuro mejor, hasta el anciano arrepentido que expía sus culpas encerrado en la cárcel de la vejez. Son estos vínculos los que elevan la cinta de un mero entretenimiento a una de las mejores del año. Pero es que además de contar con un extraordinario guión, también tiene algunas de las mejores interpretaciones que haya visto el subgénero. Tras tantos años encarnando a estos personajes, Hugh Jackman y Patrick Stewart brindan su actuación más sincera y conmovedora en años. Logan es ante todo la última cabalgada de Lobezno –al más puro estilo John Wayne en Centauros del desierto–.



7) Trainspotting 2. En esta lista hay dos secuelas de filmes que son considerados como clásicos modernos. Una de ellas es esta continuación de Trainspotting –por el momento, os dejaré adivinar cuál es la otra–, cinta de los 90 que marcó a una generación entera, por muchas razones: aquella banda sonora que mezclaba el Britpop con los inicios de la música electrónica y algo de rock; sus locos y transgresores personajes; y su excitante forma de abordar temas como la violencia, el sexo o las drogas. Danny Boyle creó un cóctel tan dulce como letal, que no podíamos dejar de tomar aunque supiéramos que no nos convenía. Más de veinte años después, reparto y director originales vuelven a reunirse para continuar la historia de aquellos yonkis que permanecían anclados en el pasado. Muy a su pesar, Renton, Spud, Begbie y Sick Boy han proseguido con sus vidas y se han topado con el frío muro de la realidad. La realidad de la carne y de la mente, del tren de la vida que no se para por nadie. Como no podía ser de otra manera, Trainspotting 2 tiene un tono muy diferente a la original – más melancólica, apesadumbrada y áspera– aunque mantiene esa misma chispa de locura y desenfreno. No es un simple déjà vu, ni repite la misma fórmula; Boyle nos acerca más a estos personajes, los humaniza más si cabe. En definitiva, Trainspotting 2 es un canto a la juventud perdida, a la añoranza del pasado y a los años perdidos. Si la original marcó a una generación de jóvenes, su secuela marcará a unos adultos que aún recuerdan el sabor de otra época. 

P.D. Por cierto, me niego a llamarla T2: Trainspotting. ¡T2 sólo hay una y es Terminator!



6) En realidad, nunca estuviste aquí. Lynne Ramsay se consagra como una de las grandes directoras del cine independiente actual con este thriller, neo-noir protagonizado por Joaquin Phoenix, cuya soberbia interpretación fue una vez más ninguneada por la Academia. Aunque todos sabemos que el mayor premio es que la interpretación trascienda a la pantalla, que pase a la posteridad. El personaje protagonista de Joe no es sólo el más enigmático del año pasado, sino también uno de los más emotivos. Al principio, lo vemos vagar por la ciudad sin mayor propósito; utilizando la fuerza bruta y poniendo constantemente su vida en peligro. Cargando con la losa de una memoria llena de traumas y pesares, nada parece ya importarle. Vive alejado del mundo y a cambio, este se aleja más de él, etiquetándolo de bicho raro. Sin embargo, este marginado social encontrará un atisbo de redención cuando le encargan la misión de salvar a una niña secuestrada. Al más puro estilo Taxi Driver, Ramsay lleva a cabo un estudio de personaje tan certero y punzante que te creará un nudo en la garganta. Su carencia de diálogos acentúa las imágenes y los gestos de los personajes, sobretodo los de Joe, que evolucionan con sutileza a medida que transcurre el metraje. Cruda, despiadada, violenta y aún así humana, En realidad, nunca estuviste aquí es una de las cintas con mayor personalidad de 2017. 




5) Wind River. Y hablando de westerns, Taylor Sheridan hace de este género su particular fetiche en Wind River. Guionista de Sicario y Comanchería entre otras, Sheridan se sienta por primera vez en la silla de director para contarnos un thriller sobre una mujer india fallecida misteriosamente en pleno bosque. Ambientada en la actualidad y protagonizada por el tándem Jeremy Renner-Elizabeth Olsen, Wind River busca remover las entrañas del espectador y vaya si lo consigue. La mejor baza de la película es su atmósfera fría y peligrosa, distante y a la vez pasional, que Sheridan construye lenta y eficazmente. Un filme que se cocina a fuego lento y se prodiga por sus descarnadas escenas de acción que, si bien no son excesivamente gráficas, transmiten mucho. Si tuviera que dar un premio a la mejor ópera prima de 2017, ésta estaría por delante de Déjame Salir. No cabe duda que el trabajo de Jordan Peele es meritorio. Los giros de guión que toma son efectivos pero, al fin y al cabo, no deja de ser un buen episodio de La dimensión desconocida. Mientras, Wind River tiene su propio estilo y aunque está influenciado por otros, sabe diferenciarse para crear una experiencia única. En mi opinión, lo tiene todo: interpretaciones sólidas y contenidas, excelente fotografía, buena banda sonora y sobretodo, un guión que pone de manifiesto el olvido en el que caen ciertas comunidades étnicas. Un filme notable en todos los aspectos, que sabe mantener el ritmo y termina como un torbellino de emociones.



4) Loving Vincent. La que para mí es la mejor cinta de animación del año no podía quedarse fuera de esta lista. Esta película polaca funciona como homenaje de un artista, como filme de misterio y como una carta de amor al arte, en todas sus formas y variantes. Loving Vincent nos acerca al pintor Vincent Van Gogh de una forma nunca antes vista en pantalla –al menos de esta talla –, recuperando su estilo artístico para convertir cada fotograma en un cuadro de museo. Hora y media de portento visual que bien podría haber ensombrecido la historia, ya que es muy fácil perderse en sus fascinantes trazados. Sin embargo, Dorota Kobiela y Hugh Welchman consiguen interesar al espectador con una trama de intriga plagada de egos, engaños y vilezas. Su argumento inicia tras el fallecimiento de Van Gogh, con una carta suya que debe ser entregada a su hermano Theo. El emisario Armand Roulin ejerce así de espejo para el espectador, que va conociendo personajes envueltos en la vida del artista. A medida que transcurre el metraje, la película compagina el presente con el pasado para desvelarnos terribles verdades y oscuros secretos en la vida del pintor. Mientras, cada uno va construyendo la personalidad de Van Gogh con los retazos de información que va dejando el filme. Trágica, inspiradora y ante todo conmovedora obra de animación que con los años pasará a ser una pequeña, gran joya del género. Quisiera dar las gracias a todos los involucrados en este proyecto por vuestro trabajo y por traernos una oferta tan especial a la gran pantalla.



3) Sin amor. A veces el cine de Europa del este puede resultar tan desafiante como frío en sus planteamientos. Tan filosófico e indescifrables que termina por agotarte. El director ruso Andrey Zvyagintsev sigue la corriente de ilustres realizadores del tipo de Eisenstein, Tarkovsky y ya más recientemente Konchalovsky (sí, el mismo que hizo Tango & Cash) en su forma de contar historias, siempre desde el punto de vista social y familiar. En su última película, Zvyagintsev mete el bisturí en los entresijos de la sociedad rusa actual: desde las relaciones familiares hasta las conyugales, todo ello acompañado de las estrictas reglas que actúan de corsé para los ciudadanos. Una película difícil de ver, no porque sea violenta o gore sino porque te incomoda. Todos los diálogos, cada escena e imagen está confeccionada para agobiar al espectador. La historia gira alrededor de la desaparición de un niño, actuando de detonante para unos padres más preocupados en conseguir el divorcio que en procurarle felicidad y estabilidad al hijo. Como el propio título indica, Sin amor pretende criticar los hábitos egoístas e individualistas nocivos para la construcción de una familia. Un drama tan doloroso y punzante como pudo ser Toni Erdmann en 2016, aunque sin el tono satírico de la alemana. Desgarradora y veraz. 




2) Lucky. Siento debilidad por las películas sencillas que logran conmoverme. Son como un ejercicio de prestidigitación: de la nada, sacan mucho. Un actor en su noventena y una historia que refleja su estado en la vida real es todo lo que le hizo falta a John Carroll Lynch para firmar una obra maestra. Antes reflexionaba sobre qué película merecería el premio a mejor ópera prima; Wind River y Déjame Salir serían ambas contendientes pero Lucky se llevaría sin duda el premio. La última obra del legendario actor secundario, Harry Dean Stanton, cuenta cómo Lucky afronta los instantes finales de su vida. Sin embargo, su personaje no yace postrado en una cama de hospital ni anquilosado en el sillón de casa mientras ve un concurso de media tarde. Por suerte –o por desgracia–, ha llegado con plenitud a la vejez. Vive con tal fortaleza que le resulta aún más duro hacer frente a la cruda realidad: nadie vive para siempre. A partir de ahí, emprende un viaje existencial hacia lo más profundo de su alma. Sus miedos, sus fobias, pasiones y frustraciones. La interpretación de Stanton no será glamourosa ni tendrá el respaldo de un gran productor en la temporada de premios –de hecho no ganó prácticamente ninguno– pero tampoco ganó nada La jauría humana y está considerada como uno de los mejores estudios sobre la condición humana. En la cinta de Carroll Lynch no hay desperdicio: cada conversación, cada personaje encierra una historia, con un pasado y un futuro. Además, actores secundarios como David Lynch o Tom Skerritt elevan esta cinta con su carisma y soltura frente a la cámara. Harry Dean Stanton habrá muerto sin llevarse la gloria ni el reconocimiento que merecía pero se ha despedido por todo lo alto, fiel a su calidad como artista; recordándonos que se puede vivir plenamente hasta el final.



1) Blade Runner 2049. Como no podría ser de otra manera, la nueva película de Denis Villeneuve y secuela de una de mis obras favoritas de la historia del cine, tenía que ocupar esta primera posición. De primeras puede parecer que mi juicio es sesgado y mi vista está nublada por tratarse de este título pero nada más lejos de la realidad. Si alguien me hubiese dicho a principios de 2017 que ésta sería mi cinta favorita, no me lo habría creído; no porque desconfiara de la calidad artística de Villeneuve o Deakins. Lo que veía imposible era que pudieran acercarse al nivel de un titán de la ciencia ficción, de semejante obra maestra. Fui al cine con cierto escepticismo y terminé saliendo convertido: ¡Villeneuve lo había hecho! Estaba abrumado por el nivel de detalle puesto en la producción; por la cautivadora atmósfera que nos presenta el realizador canadiense; y por supuesto, las grandiosas imágenes del genio detrás de la cámara. Desde el principio supe que era una película notoria, un hito de la ciencia ficción contemporánea. Pero no fue hasta posteriores visionados que me di cuenta de la profundidad del filme, tanto técnica como narrativamente. Como le ocurría a la original de Ridley Scott, 2049 hace gala de un extenso repertorio de recursos para crear una experiencia llena de matices. Pese a contar con una duración que sobrepasa ampliamente las dos horas, siempre tiene algo nuevo que ofrecer al espectador. La clave para crear un universo rico y cautivador, uno al que quieras regresar una y otra vez, es contar con innumerables matices; no repetirse nunca. Puede que no haya cosechado un gran éxito en taquilla pero como pasó con la original, Blade Runner 2049 continuará siendo estudiada y reverenciada por aficionados al cine como tú y yo.

¿Estáis de acuerdo con esta lista? ¿Cuáles son las mejores películas de 2017 para vosotros? Dejadme vuestros comentarios debajo del artículo. ¡Hasta la próxima, pasadlo bien y disfrutad del cine!


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