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Hemos entrado en un año nuevo, así que ha llegado el momento de evaluar lo que ha sido la pasada temporada cinéfila. En esta lista enumeraré las diez obras que, en mi opinión, conforman lo mejor de 2017; independientemente de la emoción que despertaran en mí, lo cierto es que todas y cada una de estas cintas me marcaron de alguna manera.

Antes de empezar quisiera añadir un comentario sobre Dunkerque, el último y aclamado título de Christopher Nolan. No me voy a extender –si queréis conocer mi opinión sobre la película, podéis leer mi crítica– pero sí me gustaría aclarar por qué no entra en mi lista, ya que muchos se llevarían las manos a la cabeza si no lo hiciera. El principal motivo es que no me impactó en ninguna de sus facetas: los personajes brillan por su ausencia, ninguna interpretación me emocionó y pese a su espectacular factura audiovisual, Nolan no añadió nada nuevo al género bélico. Cintas como La delgada línea roja o Apocalypse Now son tan deslumbrantes o más que ésta; historias tan meticulosamente detalladas como las de Un puente lejano o Stalingrado; espectaculares escenas de acción como las vistas en Salvar al soldado Ryan o Tora! Tora! Tora! y la claustrofóbica inmersión que nos proporcionó Das Boot. Estos son algunos ejemplos de películas que creo que la superan en uno o múltiples aspectos. No me malentendáis, valoro el esfuerzo y la atención al detalle que Christopher Nolan ha puesto en Dunkerque pero para mí fue más un ejercicio de estilo que de sustancia.
Y dicho esto, arranquemos esta lista de las mejores producciones de 2017, empezando por unas menciones honoríficas que no lograron entrar entre las diez primeras por poco: Detroit, Wonder Woman, Verónica, The Florida Project, Déjame Salir y John Wick 2.



10) Good Time. La tercera película de los hermanos Safdie es un thriller hipervitaminado y estilizado en el que seguimos las desventuras de Constantine Nikas, un atracador de bancos que tendrá que reunir una importante suma de dinero en poco tiempo. Un cruce entre la comedia negra de ¡Jo, qué noche! y la atmósfera de Malas calles, todo ello acompañado de buenas actuaciones, tanto principales como secundarias y de una historia adrenalínica y vibrante como pocas. Un viaje a las entrañas de Nueva York que guarda el sabor añejo de las cintas de antaño y lo moderniza para el público moderno. Good Time es una de las ofertas más extravagantes y divertidas de 2017.



9) The Meyerowitz Stories. Este drama familiar dirigido por Noah Baumbach y producido por Netflix cuenta con la mejor interpretación de Adam Sandler desde Embriagado de amor (2002). La película narra con efectividad las dificultades por las que pasa una gran familia a la hora de comunicarse. Las conversaciones entre padres, hijos y abuelos se sucede con dinamismo; compaginando comedia con drama a la perfección. El guión de Baumbach es el resultado de alguien que lleva mucho haciendo lo que hace. En definitiva, The Meyerowitz Stories es una montaña rusa de emociones, una entrañable –aunque por momentos espeluznante– exploración del intrincado grupo de personas que conforman una familia; desde el más joven hasta el más mayor.



8) Logan. Desde que vi aquel magnífico tráiler con la canción Hurt de Johnny Cash en él, supe que la colaboración entre James Mangold y Hugh Jackman por fin daría sus frutos. Si con Lobezno Inmortal habían hecho una película divertida pese a sus agujeros de guión, con Logan han conseguido contar una gran historia y deleitarnos a su vez con toda la acción violenta que esperábamos. Esta última aventura del irreverente héroe de la Marvel hace las veces de relevo generacional y aunque siempre resulta amargo ver el final de una era, Mangold lo hace con la sutileza y el cariño del autor que guarda un gran respeto al personaje. La relación entre la niña, Charles Xavier y el propio Logan consigue atrapar al espectador porque abarca todo el espectro vital: desde la más joven en busca de un futuro mejor, hasta el anciano arrepentido que expía sus culpas encerrado en la cárcel de la vejez. Son estos vínculos los que elevan la cinta de un mero entretenimiento a una de las mejores del año. Pero es que además de contar con un extraordinario guión, también tiene algunas de las mejores interpretaciones que haya visto el subgénero. Tras tantos años encarnando a estos personajes, Hugh Jackman y Patrick Stewart brindan su actuación más sincera y conmovedora en años. Logan es ante todo la última cabalgada de Lobezno –al más puro estilo John Wayne en Centauros del desierto–.



7) Trainspotting 2. En esta lista hay dos secuelas de filmes que son considerados como clásicos modernos. Una de ellas es esta continuación de Trainspotting –por el momento, os dejaré adivinar cuál es la otra–, cinta de los 90 que marcó a una generación entera, por muchas razones: aquella banda sonora que mezclaba el Britpop con los inicios de la música electrónica y algo de rock; sus locos y transgresores personajes; y su excitante forma de abordar temas como la violencia, el sexo o las drogas. Danny Boyle creó un cóctel tan dulce como letal, que no podíamos dejar de tomar aunque supiéramos que no nos convenía. Más de veinte años después, reparto y director originales vuelven a reunirse para continuar la historia de aquellos yonkis que permanecían anclados en el pasado. Muy a su pesar, Renton, Spud, Begbie y Sick Boy han proseguido con sus vidas y se han topado con el frío muro de la realidad. La realidad de la carne y de la mente, del tren de la vida que no se para por nadie. Como no podía ser de otra manera, Trainspotting 2 tiene un tono muy diferente a la original – más melancólica, apesadumbrada y áspera– aunque mantiene esa misma chispa de locura y desenfreno. No es un simple déjà vu, ni repite la misma fórmula; Boyle nos acerca más a estos personajes, los humaniza más si cabe. En definitiva, Trainspotting 2 es un canto a la juventud perdida, a la añoranza del pasado y a los años perdidos. Si la original marcó a una generación de jóvenes, su secuela marcará a unos adultos que aún recuerdan el sabor de otra época. 

P.D. Por cierto, me niego a llamarla T2: Trainspotting. ¡T2 sólo hay una y es Terminator!



6) En realidad, nunca estuviste aquí. Lynne Ramsay se consagra como una de las grandes directoras del cine independiente actual con este thriller, neo-noir protagonizado por Joaquin Phoenix, cuya soberbia interpretación fue una vez más ninguneada por la Academia. Aunque todos sabemos que el mayor premio es que la interpretación trascienda a la pantalla, que pase a la posteridad. El personaje protagonista de Joe no es sólo el más enigmático del año pasado, sino también uno de los más emotivos. Al principio, lo vemos vagar por la ciudad sin mayor propósito; utilizando la fuerza bruta y poniendo constantemente su vida en peligro. Cargando con la losa de una memoria llena de traumas y pesares, nada parece ya importarle. Vive alejado del mundo y a cambio, este se aleja más de él, etiquetándolo de bicho raro. Sin embargo, este marginado social encontrará un atisbo de redención cuando le encargan la misión de salvar a una niña secuestrada. Al más puro estilo Taxi Driver, Ramsay lleva a cabo un estudio de personaje tan certero y punzante que te creará un nudo en la garganta. Su carencia de diálogos acentúa las imágenes y los gestos de los personajes, sobretodo los de Joe, que evolucionan con sutileza a medida que transcurre el metraje. Cruda, despiadada, violenta y aún así humana, En realidad, nunca estuviste aquí es una de las cintas con mayor personalidad de 2017. 




5) Wind River. Y hablando de westerns, Taylor Sheridan hace de este género su particular fetiche en Wind River. Guionista de Sicario y Comanchería entre otras, Sheridan se sienta por primera vez en la silla de director para contarnos un thriller sobre una mujer india fallecida misteriosamente en pleno bosque. Ambientada en la actualidad y protagonizada por el tándem Jeremy Renner-Elizabeth Olsen, Wind River busca remover las entrañas del espectador y vaya si lo consigue. La mejor baza de la película es su atmósfera fría y peligrosa, distante y a la vez pasional, que Sheridan construye lenta y eficazmente. Un filme que se cocina a fuego lento y se prodiga por sus descarnadas escenas de acción que, si bien no son excesivamente gráficas, transmiten mucho. Si tuviera que dar un premio a la mejor ópera prima de 2017, ésta estaría por delante de Déjame Salir. No cabe duda que el trabajo de Jordan Peele es meritorio. Los giros de guión que toma son efectivos pero, al fin y al cabo, no deja de ser un buen episodio de La dimensión desconocida. Mientras, Wind River tiene su propio estilo y aunque está influenciado por otros, sabe diferenciarse para crear una experiencia única. En mi opinión, lo tiene todo: interpretaciones sólidas y contenidas, excelente fotografía, buena banda sonora y sobretodo, un guión que pone de manifiesto el olvido en el que caen ciertas comunidades étnicas. Un filme notable en todos los aspectos, que sabe mantener el ritmo y termina como un torbellino de emociones.



4) Loving Vincent. La que para mí es la mejor cinta de animación del año no podía quedarse fuera de esta lista. Esta película polaca funciona como homenaje de un artista, como filme de misterio y como una carta de amor al arte, en todas sus formas y variantes. Loving Vincent nos acerca al pintor Vincent Van Gogh de una forma nunca antes vista en pantalla –al menos de esta talla –, recuperando su estilo artístico para convertir cada fotograma en un cuadro de museo. Hora y media de portento visual que bien podría haber ensombrecido la historia, ya que es muy fácil perderse en sus fascinantes trazados. Sin embargo, Dorota Kobiela y Hugh Welchman consiguen interesar al espectador con una trama de intriga plagada de egos, engaños y vilezas. Su argumento inicia tras el fallecimiento de Van Gogh, con una carta suya que debe ser entregada a su hermano Theo. El emisario Armand Roulin ejerce así de espejo para el espectador, que va conociendo personajes envueltos en la vida del artista. A medida que transcurre el metraje, la película compagina el presente con el pasado para desvelarnos terribles verdades y oscuros secretos en la vida del pintor. Mientras, cada uno va construyendo la personalidad de Van Gogh con los retazos de información que va dejando el filme. Trágica, inspiradora y ante todo conmovedora obra de animación que con los años pasará a ser una pequeña, gran joya del género. Quisiera dar las gracias a todos los involucrados en este proyecto por vuestro trabajo y por traernos una oferta tan especial a la gran pantalla.



3) Sin amor. A veces el cine de Europa del este puede resultar tan desafiante como frío en sus planteamientos. Tan filosófico e indescifrables que termina por agotarte. El director ruso Andrey Zvyagintsev sigue la corriente de ilustres realizadores del tipo de Eisenstein, Tarkovsky y ya más recientemente Konchalovsky (sí, el mismo que hizo Tango & Cash) en su forma de contar historias, siempre desde el punto de vista social y familiar. En su última película, Zvyagintsev mete el bisturí en los entresijos de la sociedad rusa actual: desde las relaciones familiares hasta las conyugales, todo ello acompañado de las estrictas reglas que actúan de corsé para los ciudadanos. Una película difícil de ver, no porque sea violenta o gore sino porque te incomoda. Todos los diálogos, cada escena e imagen está confeccionada para agobiar al espectador. La historia gira alrededor de la desaparición de un niño, actuando de detonante para unos padres más preocupados en conseguir el divorcio que en procurarle felicidad y estabilidad al hijo. Como el propio título indica, Sin amor pretende criticar los hábitos egoístas e individualistas nocivos para la construcción de una familia. Un drama tan doloroso y punzante como pudo ser Toni Erdmann en 2016, aunque sin el tono satírico de la alemana. Desgarradora y veraz. 




2) Lucky. Siento debilidad por las películas sencillas que logran conmoverme. Son como un ejercicio de prestidigitación: de la nada, sacan mucho. Un actor en su noventena y una historia que refleja su estado en la vida real es todo lo que le hizo falta a John Carroll Lynch para firmar una obra maestra. Antes reflexionaba sobre qué película merecería el premio a mejor ópera prima; Wind River y Déjame Salir serían ambas contendientes pero Lucky se llevaría sin duda el premio. La última obra del legendario actor secundario, Harry Dean Stanton, cuenta cómo Lucky afronta los instantes finales de su vida. Sin embargo, su personaje no yace postrado en una cama de hospital ni anquilosado en el sillón de casa mientras ve un concurso de media tarde. Por suerte –o por desgracia–, ha llegado con plenitud a la vejez. Vive con tal fortaleza que le resulta aún más duro hacer frente a la cruda realidad: nadie vive para siempre. A partir de ahí, emprende un viaje existencial hacia lo más profundo de su alma. Sus miedos, sus fobias, pasiones y frustraciones. La interpretación de Stanton no será glamourosa ni tendrá el respaldo de un gran productor en la temporada de premios –de hecho no ganó prácticamente ninguno– pero tampoco ganó nada La jauría humana y está considerada como uno de los mejores estudios sobre la condición humana. En la cinta de Carroll Lynch no hay desperdicio: cada conversación, cada personaje encierra una historia, con un pasado y un futuro. Además, actores secundarios como David Lynch o Tom Skerritt elevan esta cinta con su carisma y soltura frente a la cámara. Harry Dean Stanton habrá muerto sin llevarse la gloria ni el reconocimiento que merecía pero se ha despedido por todo lo alto, fiel a su calidad como artista; recordándonos que se puede vivir plenamente hasta el final.



1) Blade Runner 2049. Como no podría ser de otra manera, la nueva película de Denis Villeneuve y secuela de una de mis obras favoritas de la historia del cine, tenía que ocupar esta primera posición. De primeras puede parecer que mi juicio es sesgado y mi vista está nublada por tratarse de este título pero nada más lejos de la realidad. Si alguien me hubiese dicho a principios de 2017 que ésta sería mi cinta favorita, no me lo habría creído; no porque desconfiara de la calidad artística de Villeneuve o Deakins. Lo que veía imposible era que pudieran acercarse al nivel de un titán de la ciencia ficción, de semejante obra maestra. Fui al cine con cierto escepticismo y terminé saliendo convertido: ¡Villeneuve lo había hecho! Estaba abrumado por el nivel de detalle puesto en la producción; por la cautivadora atmósfera que nos presenta el realizador canadiense; y por supuesto, las grandiosas imágenes del genio detrás de la cámara. Desde el principio supe que era una película notoria, un hito de la ciencia ficción contemporánea. Pero no fue hasta posteriores visionados que me di cuenta de la profundidad del filme, tanto técnica como narrativamente. Como le ocurría a la original de Ridley Scott, 2049 hace gala de un extenso repertorio de recursos para crear una experiencia llena de matices. Pese a contar con una duración que sobrepasa ampliamente las dos horas, siempre tiene algo nuevo que ofrecer al espectador. La clave para crear un universo rico y cautivador, uno al que quieras regresar una y otra vez, es contar con innumerables matices; no repetirse nunca. Puede que no haya cosechado un gran éxito en taquilla pero como pasó con la original, Blade Runner 2049 continuará siendo estudiada y reverenciada por aficionados al cine como tú y yo.

¿Estáis de acuerdo con esta lista? ¿Cuáles son las mejores películas de 2017 para vosotros? Dejadme vuestros comentarios debajo del artículo. ¡Hasta la próxima, pasadlo bien y disfrutad del cine!


Estoy seguro que a todos nos ocurre emocionarnos a principio de año con ciertos estrenos que anticipamos pero que, cuando por fin las vemos, no terminan de llenar nuestras expectativas. Sí, estoy hablando de mis decepciones cinéfilas del año pasado y creedme cuando os digo que hubo unas cuantas. Por eso, este año no haré una lista de las peores películas de 2017 sino una con las que no alcanzaron el potencial que yo tenía depositado en ellas. Es muy probable que algunos de los títulos que aparecen en mi lista estén entre vuestras mejores del año pero quiero dejar claro que esta es mi valoración personal y sería preocupante si todos los que leyeseis esto estuvieseis completamente de acuerdo conmigo. 

P.D. Por cierto, este no es un ranking. De alguna manera, todas terminaron decepcionándome.


Dunkerque. Empezamos este listado con una de las obras más populares del año pasado. Muchos de vosotros veréis esto como un ultraje o como un intento por mi parte de llamar la atención pero nada más lejos de la realidad. Si echáis un vistazo al artículo que publiqué a comienzos de 2017 con las películas más esperadas por mí, Dunkerque se encontraba entre las tres primeras. Christopher Nolan es sinónimo de calidad y eso es indiscutible; guste o no, su filmografía lo avala. Memento, Insomnia, Origen y un largo etcétera de títulos han marcado a la comunidad cinéfila desde principios del nuevo milenio. Su último trabajo, Interstellar, me encantó y esperaba que su primera incursión en el género bélico estuviese a la altura de su currículum. Desgraciadamente, el resultado me pareció un tanto discreto. Demasiado ruido y pocas nueces. Muchos hablan de experiencia sensorial, del poder de la narración visual y estoy de acuerdo, Dunkerque es un espectáculo en ese sentido. Sin embargo, no considero que sea una obra maestra, ni muchísimo menos. La historia brilla por su ausencia, la exposición de los hechos acontecidos en la batalla me pareció confusa y atropellada, ninguno de los personajes sostuvo la trama ni tuvo peso dramático –entiendo que es un esfuerzo coral pero nadie despuntó– y Nolan volvió a dejar patente que filmar grandes escenas de acción es su punto débil. Tampoco me gustó su estructura, aunque entiendo que eso es más subjetivo. En definitiva, Dunkerque me resultó una decepción porque no sobresalió en ninguna faceta; es una buena película bélica, fotografiada de forma brillante por Hoyte van Hoytema, con una banda sonora estresante de Hans Zimmer, un diseño de producción genial y un pulso frenético –demasiado para mi gusto– pero no consiguió ni emocionarme ni impactarme. Una experiencia bonita pero excesivamente fría, carente de significado.





Life (Vida). Una nueva apuesta por el terror espacial con Ryan Reynolds, Rebecca Ferguson y Jake Gyllenhaal encabezando el reparto y los autores de la extravagante Deadpool a cargo del guión. Cuando a principios del año pasado supe de la existencia de Vida, mis expectativas se dispararon. Si a esto le sumábamos el estreno del nuevo capítulo de la saga Alien, 2017 pintaba como un regreso triunfal de este subgénero. Desgraciadamente, ninguna consiguió su cometido; por muy disfrutables que fuesen, ambas desperdiciaron una oportunidad de oro para hacer algo insólito. Life tiene una buena factura técnica e interpretativa y una puesta en escena intrigante pero tira todo eso a la basura al convertirse en un remake encubierto de Alien. Genérica, desaprovechada e insulsa cinta, donde los actores no tienen mucho con lo que trabajar y el director parece más preocupado en imitar la estética de Gravity que en desarrollar un estilo propio. Sin embargo, lo peor es que no transite demasiada intensidad ni claustrofobia dentro de la nave: al bicho ya lo conocemos desde el principio y su diseño no destaca demasiado, la nave está tan iluminada que la fotografía no puede jugar ni con las sombras ni con los decorados y la historia se vuelve tan predecible que cuando llega el final e intenta sorprender al espectador, lo único que provocó fueron risas. Un producto pasable que no daña a la vista pero que no vas a recordar pasados diez minutos.




Alien: Covenant. Y ahora vamos con la otra película de terror espacial que nos entregó 2017. Ridley Scott regresaba a su saga más célebre para proseguir la historia de Prometheus, aquella precuela que allá por 2012 nos dejó a todos con grandes preguntas pendientes de respuesta. Aquella cinta fue sin lugar a dudas una propuesta arriesgada, que apostaba por romper los corsés autoimpuestos de la saga y emprender una nueva ruta argumental que recordase a la atmósfera cautivadora de la original y a la vez nos plantease un desafío. Como suele ocurrir con proyectos tan ambiciosos, el resultado no satisfizo a todos y disuadió a algunos fans definitivamente. Pero hubo muchos otros –entre los que me incluyo– que vieron potencial en ella, dándola otra oportunidad a Scott para que continuara explorando su idea. A mí me gustó mucho Prometheus, creo que es sugestiva, está narrada con tensión y nos trajo dos nuevos personajes con potencial y carisma como la doctora Elizabeth Shaw y el androide David, interpretados por Noomi Rapace y Michael Fassbender respectivamente. Cuando anunciaron esta secuela para 2017, tenía ganas de ver la nueva aventura de Shaw y David. En su lugar, lo que obtuvimos fue un híbrido entre Prometheus y Alien, el octavo pasajero. No voy a negar que me pasé un buen rato con Covenant: está bien filmada, tiene escenas gore muy satisfactorias y desarrolla al personaje protagonista David de forma sorprendente. Desgraciadamente, también obvia gran parte de lo establecido en su predecesora, tirando más por los convencionalismos de la franquicia. Es como si Ridley Scott se hubiese hartado de escuchar críticas a Prometheus y decidiese, a modo de venganza, hacer justo lo contrario. ¿Querías abrazacaras? Ahí los tienes. ¿Querías xenomorfos? También los hay. Seguro que querías más acción y sangre, ¿verdad? Pues hay toda la que quieras y más. Alien: Covenant resulta entretenida y por momentos vibrante pero también es demasiado autocomplaciente. 





Guardianes de la galaxia Vol. 2. He de admitir que salté tardé al tren de Guardianes de la galaxia; cuando se estrenó, no quería saber nada de superhéroes y menos si uno de ellos era un mapache parlanchín. Perdonen mi ignorancia pero no soy un gran conocedor de los cómics –seguramente si lo fuera, mi opinión hubiese sido distinta–.  No obstante, un día alcancé a verla y me gustó mucho. Me pareció fresca, divertida, con una banda sonora excepcional y un elenco de protagonistas que derrochaban carisma –¡sobretodo el mapache!–. Por fin una ópera espacial escapaba de la alargada sombra de Star Wars. Sobra decir que James Gunn siempre me pareció un director interesante –miren Slither si no me creen– así que cuando me enteré que estaba trabajando en una secuela, no lo pensé dos veces: ¡tenía que entrar en mi lista de películas más esperadas de 2017! Y así fui al cine, con la idea de ver una secuela digna o quizá, sólo quizá, mejor que la original. Por si fuera poco, Kurt Russell y Sylvester Stallone –mejor conocidos en la gran pantalla como Snake Plissken y Marion Cobretti– también se sumaban al reparto. Nada podía fallar, ¿verdad? Pues lo hizo estrepitosamente. Si en el primer volumen conocimos a unos personajes con los que conectamos enseguida, esta continuación debería haberles dado profundidad. En su lugar, lo que James Gunn magnifica es la comedia y lo absurdo, dejándonos con la sensación de estar viendo más de lo mismo…pero más forzado. Una secuela que a falta de un claro protagonista es sustentada por Yondu, un personaje secundario que paradójicamente es el único que posee un arco dramático. Excesivamente larga e incluso aburrida secuela que hace que me pregunte si de verdad necesito ver una tercera parte...lo dudo.


Justice League. Otra cinta con potencial que en un intento por contentar a la gran audiencia pervirtió su esencia, quedando en un entretenimiento para ver y olvidar. Warner Bros. muestra una vez más su incapacidad para traernos historias cautivadoras que a su vez sean consistentes con el tono del universo cinematográfico que intentan construir en vano. Hace unos días saltó la noticia de la contratación de Walter Hamada, el nuevo directivo que encabezará la sección de DC en los despachos de la productora hollywoodiense, remplazando de esta forma a Jon Berg y Geoff Johns y yo me pregunto si esto no es más que otra consecuencia del pánico que les entró tras ver la debacle que fue esta película. Sea como sea, tantos cambios constantes de dirección están repercutiendo seriamente la calidad de sus títulos y Justice League es el ejemplo más flagrante hasta la fecha. Inicialmente, Zack Snyder sería el encargado de dirigir este proyecto aunque meses después fue sustituido por Joss Whedon, un buen director con un estilo completamente opuesto al de Snyder. El resultado fue un verdadero caos, una abominación hecha a martillazos: visualmente desastrosa, con unos nuevos personajes metidos a calzador, un montaje catastrófico y una trama genérica a más no poder. Eso por no hablar de la pobre calidad de sus efectos digitales. En mi opinión, Justice League no sólo es una gran decepción sino también una de las peores películas de 2017.






Asesinato en el Orient Express. Kenneth Branagh lleva una racha negativa monumental. Continúa viviendo de las rentas desde que hiciera Hamlet en 1996. Sin embargo, tras un puñado de películas bastante olvidables, Brannagh se decidía por una nueva adaptación del libro homónimo de Agatha Christie, Asesinato en el Orient Express y yo recuperé de pronto mi fe en él. Quizá fue un autoengaño, una excusa para no admitir que este actor y director lleva años en declive pero mantuve esperanzas. Al menos hasta que fui a verla. Cuando por fin salí de la sala y de camino a casa, la única pregunta que rondaba mi cabeza era: ¿por qué? Sí, esas mismas palabras que popularizó José Mourinho hace ya unos años. ¿Por qué hacer un remake que no innova absolutamente en nada? ¿Por qué dedicarle un presupuesto generoso y un gran elenco de actores para hacer un pastiche tan infumable e intrascedente? ¿Y por qué el director de Hamlet y Enrique V cayó tan, tan bajo? Me puso la cabeza como si me hubiese pasado por encima mío el maldito Orient Express.


Madre! Pero si hubo una película que me cayó como un jarro de agua fría el año pasado fue la de Darren Aronofsky. Su “historia” era tan insoportable, pedante y sensacionalista que me olvidé que estaba viendo un producto cinematográfico. Desde la irritante fotografía de Matthew Libatique –¡deja de filmarlo todo en primerísimo plano de un sólo personaje!– hasta sus interpretaciones sobreactuadas, lo único acertado de esta cinta fue el acento en el título porque te dan ganas de gritarlo de pura rabia. Luego están todos aquellos que se ponen a filosofar, intentando iluminarnos con títulos reveladores como “El significado oculto de Madre!” o “Las provocadoras preguntas que nos deja Aronofosky en su último obra” y no sé si son conscientes de que no hay ningún sustrato. El propio director declaró que el guión fue fruto de su enfado con la sociedad; no intenta decirnos nada sino proyectar sus neuras y encima pretende que paguemos por verlas. ¡Y que le veneremos por ello, faltaría más! Madre! no es más que una alegoría maniquea sobre la falta de cariño que la raza humana le ha procurado a lo largo de la historia a su hogar, la Tierra, que termina con un desenlace pretencioso y obsceno hasta decir basta. Aronofosky pretendió criticarnos a todos los demás y terminó quedando él sólo en evidencia.


Star Wars: Los últimos Jedi. La lógica del frigorífico fue una teoría acuñada por el maestro del suspense, Alfred Hitchcock. Este sostenía que si después de ver una película, le encuentras fallos de lógica flagrantes quiere decir que estuviste suficientemente entretenido como para no darte cuenta en la sala. Algo parecido ocurre con este octavo episodio de La guerra de las galaxias, escrito y dirigido por Rian Johnson: cuando la estaba viendo, la disfrutaba y no fue hasta que ordene mis impresiones y la pude ver una segunda vez, que caí en la cuenta de que tenía importantes inconsistencias y agujeros de guión. No voy a entrar en detalles, ya que hay varios artículos en el blog que ahondan en los problemas argumentales pero es evidente que como continuación de el Episodio VII, Los últimos Jedi deja bastante que desear. Como digo, la primera vez que la vi logró entretenerme lo suficiente como para no ver sus errores y por ello no la considero un suspenso –al igual que las precuelas tampoco lo son– pero sí hay que pedirle más, a Disney y a Kathleen Kennedy. Esta nueva trilogía se encamina hacia su desenlace y los ánimos de muchos fans parecen estar más bajos que nunca. Algunos la destrozaron sin miramientos, encomendándose al regreso de George Lucas, aunque muchos de ellos fueron los mismos que lo vapulearon hace unos años, cuando estrenó las precuelas. No obstante, detrás de estos fans que dicen una cosa y después la contraria, hay muchos entre los que me encuentro que tienen razones para estar decepcionados con el devenir de los acontecimientos. Star Wars nació como un cuento fantástico lleno de imaginación y un gran sentido de la aventura y de la épica, que a su vez encerraba alguna moraleja –“haz o no hagas, pero no lo intentes”–. Su intención era la de evadir al espectador de la realidad y sumergirlo en un universo lejano donde las reglas fueran distintas a las nuestras. Sin embargo, con esta nueva trilogía, Disney ha roto esa magia trayendo de vuelta a los héroes con los que crecimos pero mucho más decrépitos y deprimidos. Hay quienes defienden esta decisión, alegando que las personas cambian y evolucionan; que Luke pudo tener un momento de debilidad cuando trató de matar a su sobrino mientras dormía y que Han Solo puede que no sentara la cabeza después de todo. ¿Qué problema hay si Star Wars se vuelve más realista? Eso lo escuché yo, cuando alguien trataba de defender algunas de las elecciones tomadas por Rian Johnson. Personalmente, creo que Mark Hamill tiene razón cuando dice que un Jedi jamás haría lo que hizo Luke en el Episodio VIII. El problema es que yo puedo volver a ver en cualquier momento las seis películas de George Lucas y evadirme de la realidad pero no puedo hacerlo cuando veo a mis héroes hundidos y amargados. Demasiado conflicto para tan poco corazón.






La seducción. Aún guardo con cariño Lost in Translation, la mejor película de esta directora. Pero como pasaba con Kenneth Brannagh, cada vez me cuesta más depositar mis esperanzas en esta directora. Con esta película creí firmemente en el regreso triunfal de Sofia Coppola pero habrá que seguir esperando, porque su nueva película no es más que un envoltorio bonito pero vacío. Pese a estar bien rodada y ambientada, esta película no consiguió seducirme; con una narrativa torpe y poco inspirada, unos personajes demasiado hieráticos y una moraleja inexistente, Coppola le hace un flaco favor a su película. Un remake innecesario y pueril que tenía potencial para ser mucho más de lo que terminó siendo.


Churchill. 2017 vería el estreno de dos películas biográficas centradas en la gran figura de Winston Churchill. Una era El instante más oscuro, protagonizada por Gary Oldman y otra era ésta. En Churchill, Brian Cox encarna al ilustre Primer Ministro británico; pese a no ser gran seguidor de esta clase de dramas, por alguna razón –probablemente llamada Brian Cox– tenía bastantes ganas de ver este. El reparto, que incluía actores consolidados como Miranda Richardson o John Slattery, era bastante bueno y los trailers parecían indicarnos una película seria, con empaque y buenas interpretaciones. Sin embargo, ni siquiera la calidad actoral consiguió salvarla de la quema. Una de las películas más tediosas del año pasado.