Crítica - Green Book (Sin spoilers)


Es la nueva sensación de Hollywood, el nombre que está en boca de todos. Tras ganar el Oscar a mejor actor de reparto por Moonlight, Mahershala Ali ha participado en numerosas producciones de éxito, entre las que encontramos la reciente tercera temporada de True Detective o Luke Cage, que lo han confirmado como una nueva estrella. En la película que nos concierne, Ali vuelve otra vez a demostrar sus cualidades interpretativas, derribando nuevamente las puertas de Hollywood y de los Oscar. A él se une Viggo Mortensen, actor de sobra conocido por todos,  que lleva años recordándonos que para él sí hubo vida tras El señor de los anillos. En la silla de director encontramos a Peter Farrelly, uno de los dos hermanos Farrelly que saltaron a la fama por películas como Dos tontos, muy tontos y Algo pasa con Mary, el cual en esta ocasión reinventa su fórmula de pura comedia a una más refinada, emotiva y humana. La historia, basada en hechos reales, se ambienta en la década de los sesenta y retrata el largo viaje a través de los EE.UU. que llevan a un italiano del Bronx y a un pianista negro a compartir coche durante dos meses de invierno. La premisa recuerda mucho a una versión moderna de Paseando a Miss Daisy, sólo que con los roles invertidos. La peculiaridad de esta película, que en mi opinión la hace destacar por encima del resto de ofertas en cartelera, es ese inusual y refrescante tándem que forman Mortensen y Ali. Puede que el argumento en sí no destaque por nada en particular pero es en la suma de sus partes donde la película roba el corazón del espectador.


Hay un factor en el cine que muchas veces se pasa por alto y es la sensación de plenitud. La satisfacción que uno siente al salir de una sala y reconocer, con una sonrisa de oreja a oreja, que el precio de la entrada estuvo bien invertido. Es un elemento abstracto y subjetivo, que de ninguna manera se puede clasificar ni apropiarse de él, pero que está ahí. Directores como Ernst Lubitsch, Billy Wilder, John Hughes o Steven Spielberg dominaron esta difícil técnica durante años. Green Book es en muchos sentidos un homenaje al cine de siempre, ese que no necesita de muchos medios para brillar: tan sólo un puñado de actores y buenos diálogos. Peter Farrelly logra transmitir, con ligereza y humor, muchos sentimientos y emociones que van más allá del simple chiste. A los personajes de Tony Vallelonga y Don Shirley no les hace falta mucha exposición para engancharnos; el primero es un italiano, maleducado y racista, que trabaja de guardaespaldas y vive en el Bronx con su familia, mientras el segundo es un experimentado pianista y doctor en psicología, que vive en un lujoso apartamento con mayordomo. Sí, son dos estereotipos muy trillados pero lo verdaderamente llamativo reside en ver cómo estos dos polos opuestos terminan atrayéndose y cómo en esa cercanía, acaban conociéndose y aprendiendo el uno del otro. Ni Tony es tan racista como en un principio parece, ni Don lo sabe todo. El argumento no pierde ni un minuto en banalidades ni observaciones vacuas, sino que va directo al grano. 

Además, tampoco tiene ninguna subtrama, lo cual podrá irritar a algunos que la vean demasiado bidimensional, aunque personalmente creo que tomaron la decisión acertada; Shirley y Vallelonga son personajes tan entrañables que no deseas pasar ni un minuto sin los dos en pantalla. La lección o moraleja que esconde esta divertida comedia es que a partir del respeto se derriban los prejuicios y nace el cariño. Por muy obvio que pueda parecer, a veces lo más sencillo resulta lo más complejo de ejecutar.


En la faceta interpretativa, dos nombres se erigen por encima del resto. Mortensen y Ali brillan con luz propia, clavando sus personajes y rozando la perfección en pantalla. Sus constantes discusiones y enfrentamientos tienen un magnetismo único. Te caen bien desde el principio hasta el final y sabes que, por muy distintos que puedan ser, están condenados a entenderse porque en el fondo ambos tienen buen corazón. Resultan más brillantes aún cuando deben aunar fuerzas para enfrentarse a todo un sistema xenófobo arraigado en la sociedad sureña de la época.  El uno cuida del otro casi inconscientemente, por instinto y porque saben que es lo correcto simple y llanamente. Mayoritariamente, la película ofrece escenarios donde los grises brillan por su ausencia: o eres bueno o eres malo. Es un poco esquemática en ese sentido y por momentos corre el riesgo de estancarse, repitiendo escenas y situaciones racistas ya vistas. Sin embargo, estos dos actores son tan rematadamente buenos que uno ni se da cuenta. Los minutos pasan sin darte cuenta y cuando presientes que se acerca el final, uno no puede hacer más que lamentar que ese espectáculo no dure más. Poco puedo decir de los secundarios, ya que no tienen mayor presencia ni argumental ni interpretativa en el filme y se reducen a apariciones fugaces para ayudar a avanzar la historia del dúo protagonista.


En el aspecto técnico, todo rinde a un gran nivel, desde la fotografía hasta los valores de producción y la banda sonora. En el primer apartado, la riqueza y variedad de lugares en los que se desarrolla la acción ayuda a elevar la fotografía, dándole mucho colorido e imprimiéndole personalidad propia a la producción. Una personalidad que se complementa perfectamente al tono ligero de la historia. En cuanto al diseño de producción, la ambientación sesentera está muy lograda tanto en los coches como en los vestuarios y en las ciudades que recorren a lo largo de la cinta, ya fuere en exteriores o en interiores. Además, logra trasladarnos muy bien esa opresión y angustia que se debía sentir en una sociedad segregada como aquella. Por supuesto, ¿qué sería de una cinta de época sin la música apropiada para acompañarla? En Green Book tenemos una gran selección de géneros de moda en la época, como el jazz, la música clásica, el country o el rockabilly. Todo un deleite para los amantes de aquella música.

En definitiva, Green Book no ha sido un éxito de crítica y de taquilla por ninguna razón. Cierto es que la idea no se aleja mucho de otras propuestas vistas anteriormente y que la historia de Farrelly no innova en ningún aspecto, más allá de invertir los roles de los protagonistas. Sin embargo, creo que estamos ante una de las películas con más corazón del año y un entretenimiento mayúsculo para todos aquellos que busquen una alternativa a las superproducciones actuales. Es una sensación muy agradable llegar a la temporada de premios y encontrarte con producciones como ésta, que no intentan forzar la lágrima fácil ni deprimirnos, algo que últimamente se estila mucho en la industria. En un Hollywood dividido en dos bandos, el del cine comercial y el de autor, Peter Farrelly y su obra intentan unir puentes y decirles que una buena película puede contar con risas y con llantos, con momentos ligeros y otros duros pero con lo que siempre debe contar es con alma y con respeto al noble arte de contar historias.


8’5/10: EL CORAZON NO ENTIENDE DE RAZAS.

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ENGLISH VERSION:


He is the new Hollywood sensation, the name on everyone's lips. After winning the Oscar for best supporting actor for Moonlight, Mahershala Ali has participated in numerous successful productions, among which we find the recent third season of True Detective or Luke Cage, who have confirmed him as a new star. In the film that concerns us, Ali demonstrates once again his acting chops, knocking down one more time the Oscars’ doors. He is joined by Viggo Mortensen, a well-known actor who has been reminding us for years that there is life after doing The Lord of the Rings trilogy. In the director’s chair we find Peter Farrelly, one of the two Farrelly brothers who rose to fame thanks to films like Dumb and dumber and There's something about Mary, which on this occasion reinvents his comedic formula to add more emotional and human qualities. The story, based on true events, is set in the 1960s and portrays the long journey through the USA that forces an italian from the Bronx and a black pianist to share a car during two winter months. The premise reminds me of a modern version of Driving Miss Daisy, except for the reversed roles. The particularity of this film, which in my opinion makes it stand out above the rest, is that unusual and refreshing couple formed by Mortensen and Ali. The plot itself may not be remarkable, however it is in the sum of its parts where the film steals the viewer’s heart.



There is a factor in movies that is often overlooked and is the feeling of plenitude. The satisfaction one feels when leaving a theatre thinking, with an ear-to-ear smile, that the price of the ticket was well payed. It may be an abstract and subjective element, but it is there nevertheless. Filmmakers like Ernst Lubitsch, Billy Wilder, John Hughes or Steven Spielberg mastered this craft for years. Green Book is in many ways a tribute to classic cinema, one that does not need much means to shine: just a handful of actors and good dialogues. Peter Farrelly manages to convey, with lightness and humor, many feelings and emotions that go beyond a simple joke. The characters of Tony Vallelonga and Don Shirley do not need much exposure to get us hooked; the first is an impolite and racist italian, who works as a bodyguard and lives in the Bronx with his family, while the second is an experienced pianist and doctor in psychology, who lives in a luxurious apartment with his butler. Yes, they are two well-worn stereotypes but what is truly striking is seeing how these two opposite poles end up attracting each other and how, thanks to that friendship, they end up learning from each other. We find out that neither Tony is as racist as it first seems, nor Don knows everything as he thinks. The story goes straight to the point, it does not waste a minute on banalities or vacuous observations whose only purpose is to extend the footage unnecessarily. 


It does not have any subplot either, which may irritate certain viewers who see it as too thin of a story, though I personally believe that they made the right decision doing so; Shirley and Vallelonga are such endearing characters that you do not want to spend a minute without them on screen. The lesson that hides beneath this quirky comedy is that the walls of prejudice that separe love from hatred can only be broken down through respect. As obvious as this may seem, sometimes the simplest task becomes the most toughest for some people.

In the acting field, two names stand out above the rest. Mortensen and Ali shine with its own right, nailing their characters with chemistry levels hardly seen on screen this year. Their constant discussions and confrontations have a hypnotic magnetism. You like them from the get-go until the very last minute of footage and you know that, no matter how different they may be, they are condemned to understand each other because, in the end, both are good-hearted and they are even stronger when they must join forces to face a whole xenophobic system rooted in the southern U.S. society of the time. The one cares for the other almost unconsciously, instinctively, but also because they know that it is the right thing to do, simply and plainly.

For the most part, the film offers scenarios where gray tones are often lacking: either you are good or you are bad. It is a bit schematic in that sense and at times the film runs the risk of repeating scenes and situations already seen before. However, these two actors are so darn good that you do not even realize it. The minutes pass without looking at your phone out of boredom and when you feel that the end is approaching, one can not help but regret that this show cannot last any longer. Little can I say about the supporting actors, since they  have little to no screen time and their role in the film is reduced to fleeting appearances used to make the main story progress.




In the technical aspect, everything performs at a great level, from photography to production values ​​and soundtrack. In the first facet, the richness and variety of locations where the film takes place helps to elevate the photography, giving it a lot of color and printing its own personality to the production. A personality that fits perfectly with the light tone of the story. As for the production design, the sixties’ setting is succesfully recreated both in the cars and in the cities that run along the tape, both the exteriors and the interiors. In addition, the filmmaker manages to immerse the audience in the oppression and anguish that the black community should have felt in a segregated society like that one. Of course, what would a period movie be without the appropriate music to accompany it? In Green Book we got a large selection of genres from the time, such as jazz, country or rockabilly and we also hear some classic music played by Don Shirley. If you love any of these genres, I bet you will like the movie.


In the end, Green Book has not been a critical and box office hit for no reason. Yes, the idea is not a huge departure from multiple other ones and the story may not be the most innovative. However, I think we are looking at one of the films with the biggest heart of the year and a great entertainment for all those who are looking for an alternative to blockbusters. The lesson that hides beneath this quirky comedy is that the walls of prejudice that separe love from hatred can only be broken down through respect. As obvious as this may seem, sometimes the simplest task becomes the toughest for some people. As we get closer to awards season films tend to be either tear-jerkers or depressive, reason why it feels so fresh watching films like this one. In a Hollywood divided between those who look for the profit and those who consider their work as art, Peter Farrelly and his Green Book try to join bridges, telling those idiots that a good film can have both laughs and  tears, light and tough moments but it always needs to have a soul.


8.5/10: HEARTS GOT NO RACE.

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